Author: joel

Tras el macroevento  The Defenders, augurar un reenfoque en la dupla Marvel/Netflix era algo más que razonable. Dado que por mucho que se empeñen en demostrar lo contrario. El formato de 13 episodios no surte el mismo efecto en  todos los “colegas” de Daredevil. No obstante, en esta aparentemente Fase II del MSU (Marvel Series Universe) observamos las mismas carencias que en su Fase I. Llegando al punto, en esta segunda temporada de Jessica Jones de ofrecer muy poca novedad. De ahí que, visualicemos de una manera mecánica una serie con un potencial innegable. Pero que renuncia desde sus primeros minutos a sorprender y profundizar.

 


Jessica Jones 2ª Temporada-Un paso adelante y dos atrás

 

Nada crece…si no come

Vaya por delante lo siguiente. Recalcaré hasta la saciedad la impresión de poco elaborada que da la trama general de esta temporada. Ya no porque sea una obviedad, sino como (probable) hoja de ruta del combo Netflix/Marvel.  Como mínimo, hasta que el inminente servicio streaming de Disney esté al 100% operativo. Habiéndome desviado más de lo deseado, procedemos a analizar esta segunda aventura en solitario de la fundadora de Alias Investigations.

Si el final de The Defenders dejaba a todos sus miembros en una posición que les obligaba a actuar como superhéroes. Apreciaremos que en lo que concierne a Jessica Jones, el altruismo no es una opción. La detective retorna a su vida post-Kilgrave, lo que implica mantenerse fuera del radar de lo sobrehumano. Por más que el alcance de sus logros impliquen varias solicitudes de ayuda por parte de algunos habitantes de New York. Ésta, es una apuesta argumental que casa perfectamente con la construcción del personaje en el cómic. Y no supondría ningún inconveniente, si no fuera por cómo se desarrolla y a lo que precede, el pasado de Jessica. Un pasado que ya tuvimos la suerte de explorar en la primera temporada y cuyo uso en la segunda, ni sorprende ni se entiende.

Incluso quedando mucho por contar sobre el accidente en el que perdió a su familia y casi la vida. Seguir volviendo a esa etapa de la vida de Jessica Jones resulta cansino. Mucho más, si conocemos las posibilidades que ofrece una exploración de otras facetas de su día a día. Y más todavía, cuando se utiliza ese recurso para ofrecernos un arco argumental sin ninguna conexión  con los cómics. Una técnica que hace del mayor atractivo de la protagonista, el rechazo de la etiqueta de heroína, un elemento nada diferenciador.

Compañías poco llamativas

Lamentablemente, no sólo la calidad de la trama ha dado varios pasos hacia atrás. El enfoque y desarrollo de los secundarios, también ha sufrido de ese mal. A excepción claro, de la implacable Jeri Hogarth, excelentemente interpretada por Carrie-Anne Moss. La única que no cuenta con una conexión directa con Jessica Jones. Todo lo contrario que Malcolm y Trish Walker, quienes se ven arrastrados y atrapados en la espiral de frustración de la protagonista.

Mención aparte merecen los casos de Will Simpson, inexplicablemente desaprovechado. Y por supuesto la dupla de IGH, Karl Malus y su paciente, desencadenantes de un cúmulo de giros argumentales que rozan lo cómico e incluso paródico. Más aún cuando se convierten el eje principal sobre el que giran 13 episodios.

No obstante, sí que es de justicia reconocer lo inteligente  de colocar el papel de antagonista no en una persona física, sino en una toma de decisiones. O en su defecto de la privación de esa facultad. Observaremos a lo largo de la temporada que Jessica se enfrenta a un alma atormentada y maltratada , como ella. Que se mueve peligrosamente entre la maldad por desconocimiento o por indiferencia ante sus consecuencias. Entre la crueldad por egoísmo o como forma de profesar amor incondicional. Una condición que aunque es tremendamente destructiva en gente con superpoderes, se puede encontrar en las personas normales. Como podemos apreciar en la serie.

La Jessica que ni merecemos ni necesitamos

El distanciamiento entre la vertiente seriéfila y cinéfila de Marvel es evidente. A pesar de las constantes referencias entre los dos mundos. Un problema de directivos y de licencias, absolutamente cotidiano en el negocio audiovisual Pero que, indudablemente, ha provocado que los miembros de The Defenders se queden siempre a medio camino. Y por consiguiente el espectador, que conozca los cómics y el que no, queda siempre con un sabor de boca.

Próxima parada, Luke Cage.

Aunque el contexto racial o étnico de la cinta ha sido motivo (y lo que queda) de múltiples parodias.  Sería injusto negar el puñetazo en la mesa , otro más, por parte de Marvel/Disney que supone Black Panther. Y es que si, en ocasiones se puede acusar al Imperio Audiovisual de Kevin Feige de adulterar la esencia de sus personajes.  Debemos reconocer que en términos generales, la fórmula no se resquebraja demasiado. O no lo suficiente para ser preocupante. No obstante, personalmente creo que el tratamiento según qué personajes varía en la Casa de las Ideas. Y a lo mejor por su relevancia en la cada vez más próxima Fase 4. O quizá porque se trata del lo que pudo ser y no fue con otro miembro de la realeza Marveliana. Las impresiones sobre la primera entrega de las aventuras del Rey de Wakanda son más que positivas.

Black Panther-Wakanda se construyó en algo más de dos horas

 

Si el antagonista funciona…todo funciona

Una axioma el cual, coincidiremos en que  no encierra la fórmula de la Coca-Cola. Pero que ha derivado en más de un desaprovechamiento de vilanos llamados a hacer sombra a su rival. Una peligrosa costumbre que afortunadamente en esta ocasión no se repite con Killmonger. Un antagonista hecho a la medida de la película. Y que como establecen los cánones, condiciona todas las decisiones del héroe  y su entorno. Una concienzuda mente maestra que se sirve de fantasmas del pasado de Wakanda para dar el pistoletazo de salida a su plan. (Sí, Ulysses Klaw merecía más y mejor tratamiento) Un plan tan básico como la venganza pero con una construcción verosímil al milímetro. Puesto que cuenta con un argumento de tan contemporáneo como de peso, el del racismo.

 

Privilegios…para qué os quiero

Una de las conclusiones que van siempre ligadas a un tono maduro en una cinta. Es la posibilidad de tocar temas que de otra manera no contarían con un enfoque apropiado. Puesto que si antes hemos mencionado el racismo, debemos ligarlo ineludiblemente a los privilegios. Un término que se gana a pulso ser el eje sobre el que gira la trama. Wakanda, nación ficticia africana, es el país más rico del Universo Marvel. Y cuenta además con un “recurso natural” que hace palidecer a los otros existentes en dicho Universo. Esta situación atípica sirve para colocar en una posición inusual hasta la fecha al continente africano, o una parte de él. Al evidencia que su ventaja no ha repercutido en una influencia directa y positiva en el mundo exterior. Por lo que es lógico preguntarse, ¿cuál es la diferencia entre no involucrarse en evitar la opresión y ejercerla directamente? ¿Por qué no se utilizó la avanzada tecnología de Wakanda en el pasado para corregir los errores del resto del planeta?

Cuestiones que si bien pertenecen exclusivamente al mundo de la ficción. Revelan que el trasfondo de esta última entrega de Marvel plantea interrogantes serios. De esos que hacen plantearse varios visionados y concienzudos análisis.

 

El final para la gallina de los huevos de oro que supone el género superheroico se posterga, hasta nuevo aviso. Sobre todo si seguimos contando cada cierto tiempo con películas que van un paso más allá de sus predecesoras.  Y consiguen entretener, sorprender, satisfacer…además de ilusionar.

 

 

Wakanda Forever

 

 

El concepto del Multiverso en el ámbito de los cómics es el recurso con menos probabilidades de ser desaprovechado. Una atractiva opción de manipular al antojo del guionista, el entorno de los superhéroes y/o villanos. Unas veces queriendo mostrar que la línea que los separa es mucho más delgada de lo que nos imaginamos. Y en otras, que por más adversas que sean las circunstancias su naturaleza siempre sale a la luz. Unos condicionantes que son siempre respetados y que se mantienen en esta nueva cinta. En la que se nos ofrece una versión de Batman ubicada en otro siglo y contexto histórico. Aunque innegablemente con todos lo necesario para despertar interés en el espectador. Hablamos de Gotham by Gaslight.

Gotham by Gaslight- Larga vida al Multiverso

El Murciélago Victoriano de Gotham

En un principio, la idea de ver a Batman operando a finales del siglo XIX podría interpretarse como poco atractiva.  Puesto que se trata de privar al superhéroe del contexto histórico ideal para su faceta de genio científico. Aunque bien hay que reconocer, que dicha decisión sirve para explotar de manera magistral sus habilidades deductivas.

Porque la película nos cuenta como un asesino en serie, (auto)denominado Jack el Destripador,  siembra el terror en Gotham. Los esfuerzos de la policía resultan en vano, pues el criminal parece ir siempre un paso por delante.  Solamente la intervención de Batman será capaz de arrojar algo de luz sobre la identidad y motivaciones del asesino. Eso sí, bien secundado (por no decir asistido) por su inseparable Alfred. Una colaboración vital a la que hay que sumar  la de Selina Kyle y un trío de jóvenes huérfanos.

El Vigilante Atemporal

Y es que al final, para gozo de los fans de la interminable  cruzada de Bruce Wayne. La película se convierte en un alegato sobre la inmejorable construcción del personaje. Destacando su propósito de proteger a los desamparados de Gotham. Recurriendo en esta ocasión, a temas tan actuales  como atemporales. Como son el estrés postraumático de quienes participan en una guerra, el machismo y el extremismo religioso.

Resultado más que aceptable el obtenido por esta cinta. De la que no me extrañaría (o más bien desearía) ver una o dos secuelas. Y puestos a pedir, verla convertida en el comienzo de un nuevo universo compartido superheroico.

En una época en la que cada película está sometida a un “orwelliano” control  durante todo su proceso creativo. Desgraciadamente, es ésta una costumbre en la que se implican demasiadas partes interesadas y poco enriquecedoras.  Hemos llegado a un punto donde se vuelve increíblemente difícil reconocer una obra de autor/autora propiamente dicha. Lo que normalmente desemboca en una adulteración  de la idea previamente concebida y desconcierto en los espectadores. Al no encontrar sentido ni motivo en contratar a alguien para hacer un trabajo y no ser capaz de respetar su forma de llevarlo a cabo. Como se ha dicho antes, se trata (por ahora) de una tendencia habitual aunque limitada únicamente a estudios cinematográficos sin una clara hoja ruta. Y que cuenta con gratas e interesantes excepciones, como la cinta Bright de David Ayer para Netflix.

 

Bright-Oda a la libertad creativa

 

Reinventando el concepto de distopía

Siendo plenamente consciente de que el concepto  reinventar son palabras mayores para el género. Debemos reconocer que el mérito de David Ayer y de Mark Landis reside en la optimización de recursos. En este caso históricos y sociales de los siempre inabarcables Estados Unidos de América. La utilización de una realidad alternativa, poblada por los seres fantásticos por antonomasia. Del tipo hadas, duendes, arcos, elfos… Donde los vicios más peligrosos del “mundo real” sean tan reconocibles en Bright, es algo maravilloso.

Y es que ver a los elfos comportarse como unos insoportables esnobs  y a los orcos como  modernos hombres de las cavernas, no tiene precio. Más aún, cuando  no son más que elementos de una sociedad tan injusta como corrupta. Y en la que, un mucho más que decente , Will Smith intenta sobrevivir cada día para volver a casa con su familia.  Por lo que, sus probabilidades de verse envuelto en una espiral de eventos destructivos es notablemente alta.

 

Solvente verosimilitud

Recapitulando:

La magia está muy presente, hasta el punto de ser parte esencial de la trama. Además de otros elementos fantásticos,del tipo gran mal vencido antaño con riesgo de volver próximamente. Sin embargo, el grueso de la cinta se centra en narrar la forzada química entre dos tipos que no podrían ser más diferentes. Una contraposición de caracteres con un único rasgo en común, el de hacer bien su trabajo. Y allí radica el éxito/atractivo de la película. Al presentar gente normal haciendo cosas medianamente normales y que tienen la mala suerte de toparse con algo que les queda grande. Y viven para contarlo, afortunadamente.

 

Muchas esperanzas estaban depositadas en la adaptación que Netflix podría ofrecer sobre Frank Castle. Personaje de potencial indiscutible debido a su “método personal” para lidiar con criminales. Faceta no explotada hasta la fecha y que prometía, si se llevaba a cabo, resultados inmediatos.  Si el status quo del Universo Marvel aboga por presentarnos seres con habilidades especiales que usan su don para el bien. Con Marvel’s The Punisher conocemos aun hombre que hará todo lo posible para que el mal no tenga posibilidad de volver a actuar.

Marvel's The Punisher-Lo que la verdad esconde

 

La mano que mece la cuna

El mundo militar es el eje sobre el que gira la trama de estos 13 episodios de (esperemos) primera temporada. Haciendo especial hincapié en la cadena de  mando y quienes se colocan en sus eslabones más altos. Básicamente porque Frank Castle, tal y como vimos en la segunda temporada de Daredevil, durante una buena época de su vida se limitaba a cumplir órdenes. Siendo más que competente en ese cometido. De ahí que su estado en los primeros episodios y su transformación en The Punisher se deba a cuestionables decisiones tomadas por los “altos estamentos”.

Una clara declaración de intenciones que busca explorar un lado desconocido (a excepción de TWS) del Universo Marvel. La corrupción política/institucional, plasmada en el todo vale para salvaguardar la seguridad de una nación e incluso del mundo.  Un panorama de grises en el que atribuir culpas y responsabilidades sin margen de error es harto complicado. Ya sea por desconocimiento de la versión oficial o por confianza ciega en quienes la cuentan. A menos claro, que seas  The Punisher.

 

 Dime con quién andas…

Aunque el peso de la trama recae en un alto porcentaje sobre los hombros de Frank Castle. La elección del elenco para dotar a su historia de empaque y tensión no podría haber sido acertada. Desde el personaje de Karen Page, que ha sobrevivido exitosamente al empeño de guionistas de que haga el papel del Ben Urich de los cómics, quien se libra de la etiqueta de damisela en apuros para representar la incomodidad del cuarto poder para quienes “mueven los hilos”.

También debemos destacar a Micro, como muestra de cómo las nuevas tecnologías tampoco son inmunes a factores manipuladores externos. Al sufrir una poética vuelta de tuerca a la célebre frase “quién vigila a los vigilantes”. No obstante, lejos de de ceñirse a ser solamente una mente maestra tras la pantalla del ordenador su interacción con Frank Castle deja patente una química envidiable. Convirtiéndoles a ambos en las dos caras de una misma moneda o un salvavidas moral y mental recíproco.

Dinah Madani, quien sigue la estela de personajes femeninos nada estereotipados del Universo Marvel-Netflix. Ofreciéndonos a una agente del FBI obcecada corregir todos los fallos del sistema.

 

 

Si bien los villanos son convincentes y temibles, hay que reconocer que no se acercan lo más mínimo ni a Kingpin o Killgrave.  Un propósito que, seguramente, sirva para constatar que no se busque derrotar a una organización  sino a un modelo completamente instaurado. Una tarea cuyo coste pueda ser tanto la salud física como la mental.

 

 

 

 

He de reconocer que he tardado demasiado en ver el gran evento (¿de la fase 1?) del combo Marvel/Netflix. Una experiencia que decidí postergar hasta la llegada de The Punisher, serie en la que tengo depositadas muchas esperanzas. Como forma de aliviar un más que probable mal trago, en forma de no satisfacción de expectativas. Tenía razón, en parte. Porque si bien es verdad que el potencial que muchos atisbábamos para el cuarteto de héroes callejeros neoyorquinos, apenas se rasca. El enfoque aplicado a su serie aporta más luces que sombras, y principalmente revela un más que prometedor futuro por delante. Y es que, tras un par de entregas un tanto flojas. Netflix con The Defenders, parece haber cogido impulso…para, deseamos, no volver a mirar a atrás.

Marvel's The Defenders-El hartazgo de la Tierra de Nadie

 

Dictum y Modus

El factor diferencial para encauzar positivamente nuestra valoración de The Defenders es su extensión. Puesto que si en las últimas entregas Marvel/Netflix se ha constatado que no todos sus héroes pueden “llenar” 13 episodios. La apuesta por un formato de miniserie además de evitar el tratamiento de tramas secundarias ralentizadoras o crispantes. Camufla las capacidades interpretativas de actores y actrices implicados, incapaces de adoptar más de un registro. No obstante, es innegable reconocer que el periplo individual de cada uno de los héroes supone un punto de partida más que sólido. De ahí que los  procesos de reclutamiento, planificación y ejecución de su plan conjunto no presenten fisuras. Todos y cada uno de los Defensores tienen razones de peso para encontrarse dónde se encuentran cuando la ofensiva de La Mano comienza. Y por lo tanto para reaccionar cómo reaccionan antes, durante y después de los acontecimientos expuestos. Es decir, si el entretenimiento se ciñe a las leyes de la lógica, sabe mejor.

 Héroes y Villanos convincentes

Mucha expectación levantó la elección de Sigourney Weaver como enemigo a batir por The Defenders en su primera aparición. Básicamente, porque el bagaje actoral de la susodicha prometía una villana a la altura de Kingpin o Killgrave. Prometía…pero al final nada. Lo que es una autentica pena, vistas sus motivaciones convincentes y su status dentro de La Mano.  Un medio camino el de Alexandra interrumpido, por una antiheroína que por mucho que se empeñen…no llena su traje. 

Mención aparte debemos darle al protector K’un Lun, quien continúa con su éxodo hacia (esperamos) convertirse en el personaje que conocemos del cómic. Un proceso de transformación que aparenta llegar a su última fase, a juzgar por la última voluntad de Matt Murdock.

 

 

Cuando todo lo demás falla o no cuaja, siempre nos quedará el fanservice. Si con Daredevil y Jessica Jones la conexión entre producto audiencia fue inmediata. Con Iron Fist y Luke Cage costó bastante más, por decir algo. Quizá por eso se haya apostado en la unión de estos cuatro por un enfoque más directo. Evitando que las tramas secundarias se desvíen demasiado de la principal, lo que es de agradecer.

No obstante, habrá quien eche en falta un mejor aprovechamiento de los inagotables recursos del cómic. Quizá en otra ocasión. O lamentablemente quizá no. Y la costumbre de Marvel en hacer de cada parte de su Universo una especie de aduana que prepara para la siguiente aduana, se mantenga hasta el infinito.

 

 

 

Fui de los que se echó las manos a la cabeza cuando el DCEU estableció su hoja de ruta. Básicamente, por temerario, al rechazar el exitoso modelo (aplicado y no inventado) del MCU. Una confianza extrema en su producto que venía ligada, principalmente, a la labor de un “genio” tras las cámaras, Zack Snyder. Una apuesta que como demuestran la opinión;unánime de la crítica y polarizada de los fans, no cuajó. Y obligó a recurrir a un Plan B. Una segunda opción que, justificadamente, se convirtió en motivo de mofa. Debemos reconocer que es lo que más se ajusta a lo que fans de DC necesitaban. Dejar a un lado las nuevas versiones y/o reinterpretaciones  para mostrar a personajes de siempre de la forma que siempre han sido. Un propósito tan fácil como complicado…lo que se buscó y se encuentra en la Justice League.

 

Señas de Identidad

Seguramente ese sea el quid de la cuestión. Puesto que ante unos loables pero infructuosos intentos de plasmar el impacto de personajes icónicos de DC en la sociedad actual. Warner Bros (afortunadamente) ha llegado  a la conclusión de que lo más efectivo era rehacer el camino andado. Recuperar la esencia que emanaba de, por ejemplo, aquellas series (películas) animadas de principios de los 90 y del siglo XXI. Una fuente de inspiración  gracias a la cual, los miembros de la Justice League son finalmente reconocibles.

Y es que Batman, si bien es verdad, sigue con su empecinamiento en “cumplir la misión” cueste lo que cueste.  Faceta explotada hasta el sadismo en BatmanVSuperman. Observaremos también una impotencia y aceptación de limitaciones a la hora de trabajar con seres mucho más poderosos que él.

Wonder Woman, merecedora todavía de una explicación coherente de su aislamiento del mundo durante casi un siglo, mola mucho. Y poco más se puede decir. Combina a la perfección la misericordia con las víctimas y la intransigencia con los opresores. Además de acoger el manto en esta película de líder/brújula moral del equipo.  Una función necesaria y acertada, por el momento.

Y digo esto, porque ese puesto debería ser para quien cuenta con menos peso en la cinta. El Último Hijo de Kryptón. Superman es luz y Esperanza. Cualquier otra interpretación que se aleje de estos dos factores, está mal planteada y es inútil. Se trata de una concepción del personaje tan esperada como deseada, para la que a lo mejor, no hubiera hecho falta sacrificarlo en la película anterior. Y forzar una explicación rocambolesca para devolver a Clark Kent su puesto en el Daily Planet… ¿Flashpoint, quizás?

 

  Los Chicos Nuevos

Una vez desojada la margarita de la trinidad de DC, toca analizar su manera de interactuar con sus “nuevos compañeros”:

Respecto a Flash, su debut es de notable alto rozando el sobresaliente. Un alivio cómico del grupo justificado en su inexperiencia en combate propiamente dicho. Su efusividad por sentirse al fin aceptado. Pasa a los nervios o miedos por encontrarse en una situación que cree no poder manejar. Un viaje que termina en el orgullo por sentirse capaz de marcar la diferencia, tanto solo como acompañado. Ezra Miller no podría habernos ofrecido un Flash más auténtico. La única duda queda en apreciar su capacidad en sostener una cinta por sí mismo. El tiempo, la crítica y la taquilla dirán.

En lo que concierna a Aquaman mis sentimientos son encontrados, la actuación de Jason Momoa ayuda y mucho. Principalmente para desprenderse de esa imagen de “catetismo” que acompañaba al Rey de Atlantis. Aunque podríamos decir que ya estaba ocupado el espacio de pura fuerza bruta/tipo duro en este Supergrupo. Las posibilidades visuales y de guión de los entresijos del Reino del fondo del Mar son esperanzadoras. Más aún si se quiere explotar la desubicación de Arthur Curry al ser un hombre atrapado entre dos mundos. El de la superficie y el de debajo del mar.

Y en último lugar, Cyborg, seguramente incluido en la nómina principal de Justice League para cubrir una cuota racial. Y a quien muchos fans habrían preferido ver remplazado por El Detective Marciano, un Linterna Verde o por alguna heroína. No obstante, su conexión con las Cajas Madres resulta causa lógica bastante para convertirlo en parte de la cinta. No obstante, mantengo fuertes dudas sobre cómo funcionaría una película individual suya, únicamente con el conflicto hombre-máquina.

Veredicto

Tras todo esto, no podemos ni debemos olvidar los fallos estrepitosos de Justice League.  Un CGI inexplicablemente desapercibido para el presupuesto con el que contaba la cinta. Un villano cuyo potencial demandaba un tratamiento menos estándar. Pero por encima de todo, la sensación de que se ha optado por recorrer un camino innecesariamente largo para el espectador. Renunciando, durante parte del trayecto a sus puntos fuertes.

Por ello es vital dejar un aviso a WB, si es que tiene ya decidido seguir adelante con el DCEU. Hay ciertas cosas que son admisibles, agujeros de guión del tamaño del desierto del Sáhara, entre otros. Pero no volváis a renunciar a reproducir la esencia de vuestros buques insignia…perdemos todos/as.

 

 

 

Año 2012, primera interacción del hijo de Odín con sus “compañeros de trabajo”. Y enésima decepción con su tratamiento, aunque ésta fuera hábilmente tapada por lo  inusual de su contexto. Una tónica representativa del personaje que le ha convertido en una rémora para el MCU. Haciendo imposible, aparentemente, dotarle de un carisma y/o personalidad propia como si ocurre con otros Vengadores. Una indefinición que una vez finalizada la (por ahora) trilogía del príncipe de Asgard. Nos obliga a cuestionarnos si alguna vez hubo una hoja de ruta para él.  O si sólo se han dado volantazos en busca de una historia que justificara el presupuesto de sus cintas. Lo que un servidor opina que ha ocurrido con Thor:Ragnarok.

Thor:Ragnarok; Nerfeando que es gerundio

Thor, el Dios de los “chascarrillos” 

Para quienes siempre hemos asociado la figura del Dios del Trueno, a la de un guerrero implacable y temible. Sentirnos identificados con la personalidad transmitida en esta secuela, es un ejercicio agotador. Principalmente porque dista demasiado de la imagen dada en sus dos primeras entregas. Un lavado de cara que aunque comprensible e incluso admirable. Lleva a la confusión sobre quien es el verdadero protagonista de la película. Y hace  indescifrable el hilo conductor de la trama. En segundo lugar, porque proyecta un carácter de Thor nunca antes visto hasta la fecha.  Una “ligereza” que hace flaquear toda tensión o punto álgido de la trama. Más aún si ésta viene construida alrededor de un combate contra “pesos pesados”entre los  antagonistas de Thor, como Hela o Surtur.

Dicho con otras palabras, Thor (indiscutiblemente) no puede ser el tipo duro que busca reducir constantemente la tensión de combate con un chiste. Básicamente, porque es un semidiós entrenado para la batalla y no es Tony Stark o (en menor medida) Stephen Strange.

 

Los caminos del trasfondo son inescrutables

No obstante, (y afortunadamente) no es gag todo lo que reluce. Y si hay algo que es meritoria en esta cinta es la capacidad de informar con una brevedad envidiable sobre el cómo han llegado hasta dónde están algunos de sus personajes. Véase el caso de Odín, Hulk, la anticanónica Valkyria y el mismísimo Hechicero Supremo del Universo Marvel. Casos en los que pocas escenas y las justas líneas de guión, no desvían al espectador del objetivo principal del film. La narración de la destrucción del hogar de los conciudadanos de Thor.

 

Para concluir, no queda otra que calificar como encomiable a la par que exitoso, el lavado de cara de la franquicia mitológica del MCU.  En esta tercera entrega. Una opinión fundamentada en la buena taquilla y reseñas favorables que la película ha cosechado y cosechará. Sin embargo, los más “puretas” del noveno arte echamos en falta la ausencia de un enfoque más épico y ceremonioso para el semidiós nórdico, Thor.  Supongo que debemos asumir que el dinero manda. Y quien pone la pasta para que el MCU siga adelante, sólo en contadas ocasiones, está por la labor de cambiar los ingredientes de su fórmula mágica.

 

 

Habiéndose convertido en un auténtico filón para DC la figura de Batman. La sobreexplotación del caballero de la noche y cualquiera de los personajes de su galería de villanos/aliados se ha vuelto costumbre. Hasta un grado que, como es habitual,  depende en gran medida de las filias y fobias que despierte el protector de Gotham. Y es que, si el foco recae sobre el murciélago más famoso del noveno arte, la polémica está servida.  Más aún, si comparte  protagonismo con la actual “niña bonita” de DC, Harley Quinn.

Batman & Harley Quinn- Loable aunque no imprescindible

 

En la buena dirección…

Dejando claro que la trama, debido a la duración de la película, es bastante aceptable.  A pesar de contar con unos condicionantes más que interesantes:

Una alianza inesperada entre dos villanos de contrastada trayectoria en pro del ecologismo. Una cuenta atrás para un plan que podría erradicar a la raza humana. La necesidad de conseguir la ayuda de una persona de dudosa moralidad para evitar una catástrofe.

No podemos evitar pensar que nos encontramos en un episodio inédito de la exitosa serie animada de los 90. Cuya autoría y disfrute (al menos el de un servidor) debemos al gran Bruce Timm. O por lo menos durante el primer tercio del film.  Dado que aunque se mantenga la estética tan “Al Capone” de dicha animación. Tan bien lograda por Tim Burton en sus dos primeras  (y únicas) películas del murciélago. Lo cierto es que esa estética tan oscura y seria (palabras cliché de DC guste o no) pasa a un segundo plano. Porque esta película no es más que una campaña promocional de un personaje recientemente venido a más. Nada más y nada menos que Harley Quinn.

Porque no nos engañemos, gracias a una serie de decisiones tomadas en el seno de DC Cómics. Principalmente en la película de Suicide Squad y en  los cómics de Injustice. La otrora compañera de fechorías del Joker se ha ganado el derecho a “volar sola”. Hasta el punto de arrebatarle cuota de protagonismo al Señor de la Noche en una cinta. Un “game changer” que a luz de los acontecimientos ofrece un amplio abanico de posibilidades. Dada la capacidad para desenvolverse entre las finas línea del bien y del mal de la Doctora Harleen  Frances Quinzel.

Si el DCAU quería dar un puñetazo en la mesa, lo ha hecho de forma contundente. Una apuesta por un valor en ciernes que no podría haber salido mejor. Harley Quinn a partir de ahora, jugará en las ligas mayores.  Porque la simple mención de su nombre es un aliciente para el espectador.

 

Bien jugado, DC. Bien jugado.

 

 

Corría el año 1997 cuando Luc Besson impulsaba género de la “space Opera” con su aclamada El Quinto Elemento. Una película de la que se comenta (las malas lenguas) que no pudo alcanzar todo su potencial visual. Debido principalmente, a la inexistencia de una tecnología capaz de plasmar al detalle la imaginación del director francés, en lo que a razas alienígenas se refiere. Una cuenta pendiente que parece haberse saldado con Valerian y la ciudad de los mil planetas.

Valerian y La Ciudad de los Mil Planetas-Reseña

La cinta, como ya hemos avanzado, es una delicia visual. Así lo confirman sus primeros diez/quince minutos en los que asistimos al día a día de un planeta lejano. Tan hermoso como sencillo en sus costumbres y/o ritos sociales. Una cautivadora rutina que se verá alterada por la caída del cielo de grandes naves espaciales. Las cuales destruirán el planeta y se cobrarán la vida de un ser muy valorado para los habitantes del planeta.

En otro rincón del Universo un intrépido agente de policía espacial, Valerian, se despierta tras soñar con dicho planeta. Un pensamiento que debe apartar de su mente para cumplir con la misión encomendada, junto a su compañera Laureline.  Tras recuperar un objeto de vital importancia para sus superiores, no sin antes coincidir con seres a los que vio en sueños. Valerian y Laureline volverán a su hogar para enterarse de su más que probable inminente destrucción. Un destino que harán todo lo posible por evitar. No sin antes, conocer la verdadera naturaleza de su superior directo y poner a prueba su “relación”.

 

                                      La grandeza de lo sencillo

En los tiempos cinematográficos actuales en los que se compaginan hasta provocar el aburrimiento términos como:

Tono maduro, fidelidad al material original, adaptación libre, visión moderna de los personajes…

A veces da la sensación de que lo que se quiere es camuflar la ausencia de un guión mínimamente trabajado.  Una justificación plausible para el comportamiento y reacciones ante las circunstancias de los personajes.  La cual puede ser básica o estilosamente enrevesada, pero coherente desde el principio hasta el final.

Es por eso que debemos valorar Valerian y la ciudad de los mil planetas por ser capaz de firmar cheques argumentales que puede pagar. Valiéndose de:

Una afrenta del pasado que debe ser reparada. Un secreto que cual esqueleto en el armario no debe salir a la luz pase lo que pase. El típico tipo duro que  sólo necesita dejar que su corazón venza a su indecisión.  La típica chica dura que sólo precisa de confianza para dejarse llevar por su corazón.

 

 

Lo mejor: El cameo de cierta estrella de la música.

Lo peor: El escaso tiempo en pantalla de Clive Owen.