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En toda saga de libros de literatura fantástica que se precie, siempre cabe la posibilidad de que el gran enfrentamiento sobre el que gira su trama; aquel en el que normalmente se ven involucrados el protagonista y el principal antagonista de la historia; deje un mal sabor de boca al lector. Ya sea por su escasa profundidad, pronta resolución o difícil justificación lógica de su resultado.  Una especie de bajón argumental del que, lamentablemente, hace gala el tercer tomo de Los Dragones de Durn al narrar el enfrentamiento entre el magonato y Jinete de Dragón, Elías y su archienemigo el Emperador Vosper.

El Emperador Inmortal de Kristian Alva: Reseña

Destacaremos en ete volumen de la saga la entrada en escena de los elfos, en este caso tres con sus respectivos dragones. Seres inmortales que en contadas ocasiones abandonan sus dominios; a pesar de que debido a la magia que inunda su hogar, Brighthollow, no permite a los dragones puedan reproducirse. Su repentina aparición en Parthos se explica con la intención de ser de ayuda, en la inminente batalla contras las tropas de Vosper, además de conocer a Elías y su dragón, Nydereid,  de quienes las diferentes profecías revelan que pueden ser los más poderosos de su generación. Lógicamente, este amable ofrecimiento despierta las sospechas tanto de Tallin como de Duskeye, al haber coincidido en otras batallas con el más veterano de los elfos. Un recelo que se confirma al ver como los recién llegados, informan a Elías sobre ciertos datos de su linaje que desconocía.

Mientras tanto en el Monte Velik, la expedición diplomática formada por el Rey Rali, Sela (líder de los Jinetes de Dragón y madre de éste, la dragona Brinsop, Aor (guardia personal del monarca) y el enano Thorin; no para de lamentarse por los nulos avances en la firma de una alianza con el pueblo de los enanos.

A partir de ahí los acontecimientos se precipitan cual embarcación a punto de caer por una cascada y nos convertimos en testigos de excepción del paso al otro lado del Emperador Vosper, adquiriendo una serie de poderes que hacen temblar a los más instruidos en materia mágica. Elías se libera de temores y cargas de su pesado para abrazar un futuro en el que aquello que más ha practicado a lo largo de su vida, será lo que le defina. El Monte Velik sufre el mayor golpe a su jerarquía desde las Guerras Orcas y solamente la intervención de Tallin evitará que los daños sean irreparables. Y en último, pero no por ello menos importante…el Emperador es finalmente derrotado, eso sí, con la intervención de algún que otro personaje que creíamos apartado (por motivos obvios)  de la historia principal.

 

El final te deja frío, si por el final de la historia entendemos un previsible combate de magnitud incomensurable entre Elías (protagonista absoluto de la profecía) y el Emperador Vosper, el tirano que sometió a casi todo Durn y anhela exterminar a todos los dragones, Jinetes de dragón y magonatos que no le juren lealtad. El haber alimentado durante tres libros un inevitable enfrentamiento de tales proporciones, refuerza la sensación de jarro de agua fría al observar el desarrollo y resultado de éste. Afortunadamente, la trama de esta convulsa tierra lejana guarda bastantes interrogantes a cada cuál más intrigante, no obstante, es imposible pensar que lo que intuíamos como el plato fuerte del menú literario ofertado no se diferencia demasiado de los entrantes o del postre. Por lo que el calificativo de novela plana sin altibajos significativos, no podría ser más acertado.

Hay quien asegura que los pasos atrás, a veces se realizan para coger impulso y llegar más lejos…esperemos que esa máxima pueda ser aplicada a esta saga.

Reconozco que escribo estas líneas siendo perfectamente consciente de que el deportista que las inspira, el irrepetible Kobe Bean Bryant, difícilmente las leerá algún día. Una posibilidad que si bien es bastante desesperanzadora no  me quita el sueño en absoluto, hay trayectorias que se entienden por sí mismas o como mucho mediante la observación, por más que un humilde aspirante a escritor intente descubrir por enésimavez  la piedra filosofal de los artículos de opinión.

Kobe Bryant o cuando Ícaro se hizo inmune al fuego

Para quienes por aquel entonces no éramos más que unos mocosos, (generación nacida durante los años 80 y primeros de la década de los 90) a punto de sucumbir ante los encantos o sufrir las inclemencias de la pubertad; La Mamba Negra fue un soplo de aire fresco. O mejor dicho, una oportunidad inmejorable para mi generación de conseguir su propio y exclusivo ídolo baloncestístico,  siendo testigos de sus primeras exhibiciones en una cancha de baloncesto. Sí, por supuesto que nos encantaba como Michael Jordan ejercía su tiranía sobre cualquier pabellón en el que se vestía de corto, al igual que alucinamos con la plasticidad e imaginación de aquel base con cuerpo de 3-4 llamado Earvin Magic Johnson gracias ( principalmente y desgraciadamente) a imágenes de programas de televisión y cintas VHS. Sin embargo estos eran claros dominadores en el deporte de la canasta, a los que conocimos cuando su evolución ya estaba consumada, en una etapa de sus carreras en la que los destellos de talento se reservaban para las citas de clave en lugar de brotar incontroladamente en cada lance del juego.

Quizá por eso, pienso yo, Kobe Bryant ha tenido un impacto tan innegable en los aficionados al baloncesto que presenciamos los últimos, aunque no por ello menos épicos, coletazos de His Airness. Por su meteórica ascensión desde un puesto secundario casi marginal del draft del 96, en el que coincidió con otros privilegiados para este deporte como Allen Iverson, Steve Nash o Jermaine O’Neal. Por su comodidad inicial y después responsabilidad a la hora de aceptar el reto de sustituir al  23 (12 y 45) de los Chicago Bulls como embajador mundial de la NBA. Pero por encima de todo, por su carácter competitivo, el cual sumado a la posesión de eso que se tiene o no se tiene porque nunca jamás se podrá enseña; le ha convertido en un devorador de records y por extensión, en el buque insiginia durante la primera década de este siglo-milenio del deporte inventado por Mr. Naismith, con permiso de Tim Duncan.

Kobe Bryant o cuando Ícaro se hizo inmune al fuego

Kobe Bryant siempre supo aportar un toque personal a cada época en la que vistió la camiseta del equipo de púrpura y oro, siendo un destacado sexto hombre que con talento y desparpajo luchaba por hacerse un hueco en el quinteto inicial durante sus primeros años de carrera. Para luego evolucionar en una especie de cincel en clara oposición al martillo pilón que representaba su compañero de equipo Shaquille O’Neal.  También estuvo la época de ejército de un solo hombre, en la que con actuaciones estelares noche sí y noche también llevó a una plantilla desequilibrada a competir en las eliminatorias por el anillo de campeón. Y qué decir de las temporadas compartidas con Pau Gasol, en la que encontró al jugador con el que mejor se entendía dentro y fuera de la pista. Un oasis en la cancha que tuvieron que abandonar los dos, para comenzar una travesía por el desierto de la derrota y el fracaso deportivo una y otra vez. Desde aquel monento ya nada fue lo mismo, ni para Kobe ni para el equipo más laureado de la ciudad de L.A. Los años pesaban y las nuevas hornadas con un físico más imponente venían empujando fuerte, lo cual no quitaba que de vez en cuando Mr. Bryant les recordase el camino repleto de piedras y palos a recorrer para dejar una huella en este deporte.

Nada más llegar a la NBA  se le auguraba una entrada en el Olimpo de los mejores jugadores de baloncesto de la historia. Hubo quien le consideró (y le considera) un simple mortal que ni de lejos podría alcanzar el nivel de los Jordan, Russell, Magic, Jabbar y cía. Igual tenían razón y el destino del hijo de Joe Bryant no era ser un Dios sino parecerse a uno lo máximo posible. Por lo que al surcar el cielo del deporte de la canasta sus alas no se quemaron al entrar en contacto con el Sol, sus alas no ardieron…pues se había vuelto inmune al fuego.

Imposible entender los últimos años de este deporte sin su figura y su impacto en el juego. Simplemente, Kobe Bean Bryant.

 

El Retorno de los Jinetes de Dragón, es la segunda parte de esta saga que sigue haciendo las delicias de los incondicionales de la literatura fantástica. Una continuación de la primera novela, que ayudada por la presentación de personajes y escenarios de esta última, expande su universo a la par que toca temas más comunes como las intrigas palaciegas/políticas, la trata de esclavos o la traición hacia los aliados. Todo ello sin dejar a un lado el desarrollo de Elías y como la profecía de la que es protagonista, va tomando forma.

El Retorno de los Jinetes de Dragón de Kristian Alva: Reseña

La búsqueda y captura ordenada por el malvado Emperador Vosper del magonato Elías, adquiere tintes dramáticos para el perseguido y su fiel aliado enano Thorin, cuando una misteriosa mujer les rastre con éxito durante su incursión en Bosque Ravenwwood donde se han introducido para llegar al Monte Velik sin armar mucho ruido. Tras ser reducidos y noqueados con una facilidad pasmosa por su perseguidora, los dos amigos despiertan en un carromato maniatados donde deducen que van a ser vendidos como esclavos al mejor postor. Unas sospechas que acaban siendo errróneas pues Kathir, la persona encargada de velar por su seguridad durante el viaje, les revela que la mujer que les ha capturado es Sisren. Una poderosa hechicera  que ha ideado esta peculiar ruta para despistar a los variados subalternos del Emperador y llevar a Elías al único lugar donde podrá recibir una formación acorde con su potencial, Miklagard, sede de los mejores Hechiceros de Durn.

Mientras tanto en Parthos, bajo petición del Rey Mitca algunos de los pocos Jinetes de Dragón aún con vida han partido a reinos cuyo carácter de potencial aliado es incierto pero digno de ser tenido en cuenta. Unas misiones diplomáticas que dejan a este bastión desprotegido ante el ataque de dos asesinos Balboritas que dejan al monarca en un estado cercano a la muerte. Razón por la cual Tallin y Duskeye se dirigen a Miklagard para que sus hábiles Hechiceros puedan sanarle. Un imposible pues sus heridas revisten de gran gravedad y su muerte es inevitable. Durante el entierro de Mitca, una inesperada revelación sobre su descendencia y el futuro de Parthos es revelada, al igual que la identidad del traidor entre los Jinetes de Dragón del que fue avisado Tallin. Un clima tenso y convulso del que se sirve el enano mestizo para llevar a Elías a Parthos no sin antes entregarle lo que le pertenece por derecho, un huevo de dragón. El cual eclosionará justo antes de la batalla por la supervivencia de Parthos, en la cual Elías tendrá un papel esencial para menguar las filas de orcos y nigromantes que asolarán la ciudad. Ya con Elías y su dragón, más las dobles parejas formadas por dos dragones y dos hermanos gemelos; una nueva generación de Jinetes de Dragón ha nacido en Durn.

 

A paso sólido y firme, la saga va encaminándose al tan inevitable como deseado duelo entre Vosper y Elías. Para el cual, el adiestramiento del protagonista será determinante, además de(intuyo) la intervención de otros seres fantásticos que todavía no han hecho acto de presencia. En este segundo volumen veremos como los elementos que menos tienen que ver con lo mágico o sobrenatural adquieren mayor revelancia, un dato más que interesante. Dado que ayuda al lector a encontrar paralelismos entre este universo fruto de la imaginación del autor y la realidad pura y dura. El hilo argumental no pierde consistencia a pesar de las múltiples  subtramas que se abren en prácticamente cada capítulo, que son cerradas adecuadamente o en su defecto, preparadas para un enfoque más aproximativo en siguientes páginas. Por lo que cuando se lee esta historia, la sensación de encontrarse ante un montón de ovillos de lana que la autora teje o une ofreciéndonos un espectáculo visual inimitable y cuya longevidad, ojalá, se asemeje a la de un dragón.

Una de las apuestas seguras en todo lo que concierne a la literatura fantástica, es y siempre será la presencia en sus páginas de la criatura más poderosa y majestuosa del género, el dragón. A veces concebido como un arma de destrucción de destrucción masiva capaz de conceder al instante la victoria a uno de los bandos implicados en la batalla, en otras presentados como seres con la habilidad de detectar la magia y a sus usuarios colaborando estrechamente con ellos. Combinando la sabiduría que les proporciona su longevidad con una disposición a la lucha difícil de encontrar en otros seres fantásticos. Temidos a la par que venerados, custodiados a a la par que perseguidos. Por lo que nunca, nunca…pasan desapercibidos. Un conjunto de características que esperaba encontrar de una forma u otra en Los Dragones de Durn, el primer libro de la saga fantástica escrita por la autora Kristian Alva.

Los Dragones de Durn de Kristian Alva: Reseña

Elías es un joven aspirante a curandero del pueblo donde vive, gracias en gran medida a la enseñanzas (mayoritariamente mágicas) de su abuela Carina con quien se ha criado prácticamente desde que nació. Una profesión que no sin esfuerzo, ha conseguido que le reporte el respeto del resto de habitantes de su pueblo. Y que desarrolla durante el día, a la vez que por las noches sueña (inexplicablemente) con dragones.

Mientras los dos curanderos lidian como el resto de Durn con la escasez de alimentos que asola a todo el reino, provocada por el afán de conquista del avaricioso Rey Vosper. Elías, en una de sus habituales búsquedas de hierbas medicinales encuentra una piedra preciosa que su abuela reconoce como una gema de dragón. Instándole a que se deshaga de ella dejándola exactamente donde la encontró, orden que el joven desobedece al intentar venderla para contar con más dinero para comprar comida. Una irresponsabilidad que paga con la muerte de su abuela, quien se sacrifica para salvarle la vida ante la llegada de soldados imperiales en busca de un joven en posesión de una gema de dragón. Durante su huída la cual obedeciendo al último deseo de Carina tiene como destino el Sauce Venerable, un punto de llegada que Elías cambiará tras toparse con Thorin, un amable enano con numerosos contactos por todo Durn que le revelará varios aspectos de la vida de su abuela que él desconocía y que (sobretodo) jamás se hubiera imaginado.

La historia de Elías (seguramente en próximos libros de esta saga) se cruzará con la del Rey  Mitca de Parthos, una de las pocas porciones de terreno de Durn libre de las manos de Vosper y la única que da cobijo a los jinetes de dragones aún con vida. Una predicción sencilla dado que Carina ha trabajado durante años como informante de los enemigos declarados del Imperio, siendo el contenido de su última carta el hallazgo de la gema de dragón. Este descubrimiento provocará que el dragón Duskeye y su jinete el enano Tallin, partan en busca de la gema para averiguar qué sucedió realmente con sus propietarios.

 

Con una inmejorable presentación de los acontecimientos previos al punto de partida de la saga, Kristian Alva nos introduce la Tierra de Durn. Siguiendo todas y cada una de las reglas imprescindibles para que la trama cuaje. Sorprendiendo la simple mención del antagonista de la historia, el ambicioso Vosper, privando al lector de una simple línea de diálogo suya para hacernos una idea más sólida de su (nula) catadura moral.  Una decisión que podríamos atribuir a la necesidad de dedicar cuantas más páginas mejor a una pequeña parte de los involucrados en la inminente guerra en Durn, quienes seguramente estarán llamados a convertirse en piezas básicas del bando en el que formen parte. No obstante, los cimientos de lo que se ha confirmado como más que exitosa saga son difíciles de pasar por alto, como por ejemplo la existencia de orcos y  duendes, aunque sobresale la presencia de una letal raza de mercenarios que o acaban con su objetivo o se quitan la vida, los Balboritas.

Para abreviar, Los Dragones de Durn con un lenguaje directo y preciso, desprende en cada página la épica y la heroicidad de las grandes obras de la literatura fantástica. La lucha contra el destino en forma de profecía, linajes de defensores de la justicia y la libertad, mentores cuyo legado perdura en el tiempo, hábiles guerreros que no están del todo seguros de que su adiestramiento les haya preparado para lo que está todo por venir.  Si estos condicionantes despiertan vuestro interés no dudéis en haceros con un ejemplar de este libro, me juego un viaje a lomos de un dragón  que satisfará todas las expectativas que os hayáis fijado.

 

 

 

 

¿Elfos y demás criaturas mágicas que habitan entre los humanos sin que reparemos en ellas? ¿Seres mitológicos con familiares en nuestro mundo a los que visitan de vez en cuando? ¿Malvadas hechiceras difíciles de matar? ¿Portales a otros mundos bajo estrecha vigilancia de organizaciones secretas? ¿La posibilidad de obtener la vida eterna y/o la inmortalidad? ¿Monstruos cuya procedencia se debate entre el resultado de un hechizo y experimentos científicos fallidos? Éstos son solamente algunos de los adictivos licores literarios mezclados con envidiable saber hacer en esta coctelera con forma de novela llamada El Elixir, el primer volumen de las Crónicas del Limbo, un libro escrito por Cecilia Hahn.

El Elixir (Crónicas del Limbo I) de Cecilia Hahn: Reseña

Tras un primer capítulo que a modo de Prólogo, nos transporta a un tiempo pasado para revelarnos el eje sobre el que girará la trama de (seguramente) todos los volúmenes que compongan estas Crónicas del Limbo; los Portales a otros mundos y su estrecha relación con seres capaces de valerse de la magia para conseguir lo que se propongan independientemente de la moralidad de sus acciones.  La acción se desplaza a la actualidad donde se nos presenta a la protagonista de la historia, una escurridiza y habilidosa ladrona de guante blanco que ha sido contratada para apropiarse de un objeto bastante peculiar.  Una misión a todas luces sencilla, que se complica con la intervención de un misterioso hombre que altera sus planes frustrándola enormemente…pero solamente en un principio.

Tras este indeseable imprevisto, se sucederán las revelaciones a la protagonista sobre la existencia de una organización secreta que se encarga de velar por la buena relación entre los diferentes mundos, habitados por criaturas pertenecientes a cuentos , mitos e historias nacidas en la cultura popular.  Además de la existencia de híbridos, la progenie nacida a partir de la unión entre humanos e individuos originarios de otros mundos.  Una organización que contará con un significativo impedimento para cumplir con su misión, los delirios de un grandeza de un perseverante científico ¿o deberíamos llamarlo alquimista?  Quien pretende traer de vuelta a la vida a alguien muy importante de su pasado, un propósito que de lograrlo podría sembrar una época de caos y terror en todos los mundos conocidos y para el cual, nuestra protagonista resulta ser una pieza clave.

 

Siendo una lectura ligera, lo que no le quita ni un ápice de entretenimiento. El Elixir de Cecilia Hahn consigue dar una innovadora y fresca vuelta de tuerca a diversos recursos de las novelas de ciencia ficción y/o fantasía, tales como los viajes en el tiempo, el concepto de las Tierras Paralelas y la siempre sugerente dualidad entre ciencia y magia.  Si hubiera que ponerle una pega a esta excitante novela, son las numerosas líneas centradas en la relación amorosa de sus dos protagonistas. Una especie de parentésis que ni permite al lector averiguar más sobre la diversidad de criaturas que se pueden encontrar detrás de los portales, ni profundizar sobre las características sobrenaturales de los miembros de la organización secreta. No obstante, es quizá este relación sentimental la que sentará las bases para neutralizar la terrible amenaza que se cierne sobre todos los mundos. Y es que como bien dice la ley no escrita en las literatura fantástica que trata el tema de la magia, “no hay magia más fuerte que la del amor”.

 

Para quien le apasione, como a un servidor, el ponerse al día en todo lo relacionado con el Universo Cinemático Animado de DC. Hay un dato evidente cuyas consecuencias no podrían ser más aterradoras para su contrapartida en el cine con personajes de carne y hueso (más CGI), el claro posicionamiento de Matches Malone por encima de sus aliados metahumanos o sobrehumanos. Lo que se intuye al ver que el número de películas con él de protagonista, es claramente superior al de sus poderosos aliados. Eso sin contar su trato y cuota de pantalla en la película que da inicio a esta suerte de New 52 televisivo, Justice League War. Una decisión que hará las delicias de los admiradores del protector de Gotham City, pero que no es entendible desde el punto de vista de quien considera que la enorme diversidad de DC no puede verse condicionada por un único personaje. No obstante, si hay un personaje salido de las viñetas que venda y convenza a crítica y público ese es Bruce Wayne; de lo contrario no habríamos tenido la tercera parte de una, hasta el momento, trilogía iniciada con Son of Batman, sucedida por Batman vs Robin y la más reciente Batman Bad Blood.

Batman Bad Blood: Reseña-DC y su hoja de ruta

La película comienza con una de las secuencias más repetidas, pero no por ello menos excitantes, de las historias protagonizadas por el Caballero Oscuro. Un almacén abandonado en el que un grupo de temibles criminales realizan actividades al margen, las cuales se ven interrumpidas por un repentino apagón de luz y la presencia de un individuo cuya vestimenta recuerda a la de un murciélago.  La única salvedad es que en esta ocasión, la portadora del manto del murciélago es una mujer, Batwoman, a la que se le une posteriormente Batman en la batalla contra los villanos, decantando rapidamente la balanza a su favor. Al menos hasta la aparición del líder de los villanos, el Hereje, con su segunda al mando, Onyx; resultando ser este primero, un rival a la altura del Señor de la Noche en el combate cuerpo. Durante el transcurso de este combate Batwoman se ve superada y a punto de ser derrotado, algo que evita Batman salvándola en el último momento, aunque quedando atrapado en el escenario de la pelea justo antes de que éste arda en llamas.

Poco o más bien nada que destacar en esta parte donde se mantiene la esencia del Batman que todos conocemos, de ahí la frase de uno de los villanos “Batman no utiliza armas” (¿Has escuchado eso, Zack Snyder?).

Tras dos semanas en que tanto Bruce Wayne como Batman han estado desaparecidos, Damian Wayne abandona su retiro (espiritual) para averiguar el paradero de su padre. Al igual que su hermano, Dick Grayson aka Nightwing quien recibe una llamada de Alfred, quien ha podido ocultar la ausencia de su jefe mediante tecnología que imita su voz, alertándole sobre la necesidad de que alguien sustituya al guardián de Gotham hasta el retorno del original. Un ofrecimiento que en un principio el otrora Chico Maravilla no está muy convencido de aceptar dados sus continuos intentos por alejarse de la sombra del murciélago. No obstante, el legado y la cruzada  de su maestro es mucho más grande que su ego y acaba cediendo. Con un Batman patrullando las calles, la ciudad que le vio nacer vuelve a rezumar seguridad por los cuatro costados. Aunque tanto el Cuarto Robin como Batwoman averiguan al instante que quien se esconde bajo su capucha no es el mismo que lo hacía antes de su desaparición. A pesar de la petición amistosa del actual Batman, Batwoman rechaza una colaboración y abandona a los dos discípulos de Bruce Wayne.

Una velada pero interesante forma de sacar el tema del manto del murciélago, quien debería ser su portador en el caso de que su creador no pudiera continuar haciéndolo. Un tema que ha servido para rellenar varias de las mejores viñetas sobre Batman, en las que siempre se ha colocado a Dick Grayson como primero en esa línea sucesoria. Debemos destacar también el empuje de Damian para portar el manto, lo que nos hace pensar en una especie de lucha entre hermanos en la que el más parecido al progenitor parte con ventaja.

Posteriormente, la acción se traslada a Industrias Wayne donde el brazo derecho empresarial de Bruce Wayne, el polivalente Lucius Fox compagina su incrementada responsabilidad en la compañía por la ausencia de su jefe con la visita de su hijo, Luke Fox, recién retornado de un servicio militar. Una serie de malabarismos sociales y empresariales que son interrumpidos por el grupo de villanos y el Hereje. Quienes por alguna extraña razón están al tanto de la existencia de La Bóveda, una parte de Industrias Wayne enfocada a la construcción de gadgets para Batman. Obligando a Lucius Fox a permitirles acceso a cambio de perdonarle a vida a su hijo. Una vez dentro de las instalaciones obtienen un misterioso maletín, el cual se llevan a pesar de la aparición de Batman & Robin con quienes libran una batalla en la que dejan malherido a Lucius y perdonan la vida, misteriosamente, a Damian.

Una vez obtenido el botín, se revela la fiable fuente de información del Hereje. El mismísimo Bruce Wayne que está siendo sometido a un lavado de cerebro por el Sombrerero Loco y Calculador, quienes al igual que el Hereje se encuentran cumpliendo las órdenes de Thalia al Gul.

Por otro lado veremos como un malherido Damian se recupera de sus heridas en la Mansión Wayne bajo supervisión de Alfred, además de un Lucius Fox en peor estado de salud postrado en la cama de un hospital acompañado de su hijo y de Dick Grayson que se pasa a interesarse por el estado de salud de su viejo amigo.  Una visita de cortesía que acaba en una tensa discusión, al exigir Luke el colaborar con la cruzada de Batman cuya relación con su padre llevaba bastante tiempo intuyendo, ante lo cual Dick se niega rotundamente.

Nunca dejará sorprenderme la facilidad con la que ciertos personajes suelen descubrir las identidades secretas de los superhéroes, mientras que otros supuestamente más capacitados para la deducción permanecen a oscuras durante un periodo de tiempo indefinido. Quitando esta norma establecida, es digno de alabar la presencia de miembros de la amplia galería  rivales de Batman como el Sombrerero Loco, Black Mask, Firefly junto con algún que otro de todo peso pesado del Universo DC, el Noah Kuttler aka el Calculador.

Damian Wayne es secuestrado por el Hereje, como resultado de la desmedida obsesión del villano por el nieto de Ra’s al Ghul. Mientras, Dick Grayson logra reclutar a Batwoman  cuya identidad civil es Kate Kane, información que obtiene de un archivo en forma de vídeo grabado por Batman que llega a sus manos gracias a Alfred, revelándole su identidad. Luke Fox se autointroduce en el mismo grupo accediendo a otra de las salas secretas de Industrias Wayne, donde se provee de una armadura con la última tecnología en armamento. Los tres héroes colaboran en el rescate de los Wayne, de las garras de Thalia quien mata al Hereje justo después de que se revelase ante Damian como el resultado de un proyecto iniciado por la Cabeza del Demonio para obtener el sodado perfecto, proceso para el que se empleó el ADN de Damian.

Los tiempos cambian y los cómics (y por extensión todo lo que se nutre de ellos) no pueden ni deben quedarse atrás a la hora de reflejar la pluralidad de individuos que acoge la sociedad actual. Si la aparición de Luke Cage como Batwing se vería justificada por la intención de dotar al BatTeam de diversidad racial, la presencia de Batwoman como primer miembro femenino oficial de este grupo se justifica con la posibilidad de normalizar la orientación sexual de los superhéroes.

Bruce Wayne vuelve a casa y ya recuperado decide posponer la búsqueda y captura de Thalia hasta después de la celebración de una conferencia, en la que Industrias Wayne se juega mucho de cara al mundo. A pesar del ofrecimiento por parte de sus dos pupilos/hijos de incluir a Luke y a Kate en la misión, Bruce se niega alegando que hay asuntos que se deberían quedar únicamente en la familia.  Una decisión que Dick no comparte pero transmite a Kate, justo antes de que el padre de ésta (militar con una serie de recursos y contactos que le convierten en el principal apoyo de la justiciera) intente asesinarla.  Habiendo neutralizado la amenaza, Kate ata cabos y comparte impresiones con Dick y a Damian, llegando a la conclusión de que la liberación de Bruce Wayne entraba dentro de los planes de Thalia y que lo que sea que tenga planeado tiene que ver con la conferencia organizada por la compañía de éste. Por lo que, con la ayuda de Batwing se dirigen a truncar los planes de la líder de la Liga de Asesinos.

Sorprende ver a un Batman tan poco dominador de la situación y anulado en el plano táctico e intelectual por un enemigo, soprende y se agradece. Es un peaje obligado para ver brillar a otros componentes de la BatFamilia y humaniza la tan a veces endiosada figura del justiciero. Aunque tenemos que reconocer, que si ha habido un linaje a lo largo de la trayectoria de Batman capaz de poner en aprietos al mejor detective del mundo es el de Ghul, por lo que no podemos sino reconocer que la referencia a las viñetas es  justa y equilibrada.

El plan de Thalia consiste en utilizar a Bruce Wayne y la tecnología de su empresa para desarrollar una máquina de control mental, con la que someter a los principales jefes de gobierno y líderes empresariales del mundo que asisten a la convención de Industrias Wayne. Un objetivo que le impiden alcanzar los secuaces del murciélago, pero sobretodo Alfred al inutilizar la máquina desarrollada por el Sombrerero Loco. No obstante, Thalia se piensa cobrar un buen precio ante tal derrota al obligar a Batman a matar tanto a Dick como a Damian. Una orden que Batman incumple mostrando una fuerza de voluntad increíble y librándose, por consiguiente, del lavado de cerebro. Influenciado por el discurso de Dick sobre lo mucho que ha aprendido de él durante la etapa bajo su tutela. Finalemente vencida, Thalia emprende la huida recibiendo la visita en su módulo de escape de Onyx buscando venganza por la muerte del Hereje.

Ya de vuelta en Gotham, la BatFamilia con sus nuevos y ya reconocidos miembros, se dispone a intervenir en la captura del Pingüino que escapa de la policía como buenamente puede. Sin embargo, una última escena nos indica que el número de justicieros en Gotham se verá aumentado en un futuro próximo.

Con un impoluto broche de oro finaliza esta última aventura del vigilante enmascarado  más famoso de Gotham. Tratamiento más que apropiado de la Batfamilia y protagonismo más o menos repartido en todos sus miembros, además de una evolución ya no sólo del líder del clan al decidir abrir las puertas a todo aquel que comparta sus ideales sino de otros que acaban asumiendo que por más que Bruce Wayne se cubra de capas de dureza e impermeabilidad hacia las emociones y sentimientos, la razón de ser de su batalla contra los criminales se basa en una idea en evitar que familias inocentes e vuelvan víctimas de sus fechorías. Un concepto, el de familia, que se convierte en la base argumental de la película. Mostrando al espectador dos clases de familia, aquella en la que los miembros son considerados como meros instrumentos en oposición a aquella en la que quienes la componen comparten victorias y derrotas. La vida del justiciero es enormemente angustiosa y exigente, por ello rodearte de aliados tan leales como críticos puede salvarte la vida…y hacer pedurar tu legado.

 

 

 

1938 y 1939, esos fueron los años de creación de Superman y Batman respectivamente en el seno de casa editorial de cómics, DC.  Algo más de 75 años de vida para estos dos superhéroes cuyas andanzas inicadas en el mundo de las viñetas, ha logrado expandirse a otros medios de difusión. Alcanzando un status inalcanzable para otros compañeros de profesión en la cultura pop, de buena parte del siglo pasado y comienzos de este nuevo milenio. Habiendo recorrido un largo camino en el que han protagonizado un número difícil de precisar de historias por separado,  tanto en estrecha colaboración como junto a otros personajes de su casa editorial. Una pregunta obligada era averiguar la justificación de la presencia en la gran pantalla de estos dos iconos, más allá de la gran expectación que un acontecimiento de tales características pudiera despertar en conocedores y desconocedores de su habitat natural, un reto de épicas proporciones para Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia.

Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia-Reseña

Fijando como punto de partida los eventos narrados en Man of Steel para el universo compartido superheroico que está iniciando DC, Zack Snyder nos muestra el impacto en la sociedad actual de un ser cuya mera presencia altera la concepción que la humanidad tiene de la realidad. Un dilema hasta el momento inédito en el cine de superhéroes y que es tratado de una forma directa y abarcando la amplia disparidad de criterios que se desprenderían de una situación parecida en el mundo real. Allí es donde entra en acción el sempiterno niño bonito de DC, un Batman, curtido en mil batallas que tras haber visto como varios de sus conocidos (empleados) se convertían en bajas civiles del épico y cruento combate entre Zod y Superman. Se erige como el paladín de la humanidad contra el potencial peligro del alienígena de Kryptón. Un auténtico espíritu libre que actúa por todo el globo terráqueo sin responder ante nadie, a excepción de su amada Lois Lane.

Es aquí donde veremos el primer distanciamiento con todo lo visto con anterioridad sobre estos dos superhéroes. Dado que si Batman se muestra como un veterano de guerra que ha operado durante años en la sombra lo que le ha llevado a desarrollar  una brújula moral, a leguas de las de sus predecesores; presentándose como una aproximación pero no un calco exacto del Caballero Oscuro definido por Frank Miller. El Superman que todos conocemos sinónimo de un dechado de las mejores virtudes humanas brilla por su ausencia,  siendo en este caso un ejército de un solo hombre tan ingobernable como eficaz.

No obstante, la película no bebe únicamente del conflicto entre estos dos titanes ataviados con mallas y capas. Puesto que unos secundarios de dilatada carrera o ajuste impecable a su papel, ahondan en ese trasfondo filosófico y político del que se nutre la película.

Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia-Reseña

Un grupo en el que destaca por encima de todos Jeremy Irons como Alfred Pennyworth, mayordomo y principal aliado del mejor detective del mundo (faceta del protector de Gotham que en esta cinta sí que es explotada) cuya relación y química con su protegido no podía ser más natural a la par que rica en matices y en disparidad de criterios.

Jesse Eisenberg como Lex Luthor evidencia en cada una de sus líneas que aquel (principal) enemigo del Hombre de Acero, cuyo lema era el cerebro sobre el músculo. Ha evolucionado a un genio más acorde con nuestros días, una mente privilegiada para el mal con manifiestas nulas habilidades sociales, ¿alguien ha dicho The Big Bang Theory?

Lois Lane, más allá de ser el ancla que mantiene conectado a Clark Kent con su planeta adoptivo, podemos declarar sin lugar a dudas que es el único personaje de la cinta que se adhiere a su historial en los cómics, respetando el canon de la damisela en apuros y sin miedo a nada.

Senadora Finch, quizá el único personaje de la cinta que quiere seguir las reglas a toda costa. No deberíamos obviar el hecho de que sea un representante de la clase política quien se esfuerce en defender las lindezas de la democracia.

Perry White, personaje cuya única diferencia con el siempre malhumorado jefe de Lois & Clark es el cambio de color de piel. Lamentablemente, su cuota de pantalla no da para un análisis más extenso.

 

Dicho esto, es necesario establecer que esta es una película puente hacia algo más grande o por lo menos más ambicioso, La Liga de la Justicia. Para lo que se introducen una serie de elementos que a lo mejor pueden despistar al espectador no inicado en el mundo de los cómics, los cameos.

Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia-Reseña

 

Wonder Woman, tanto en su rol de guerrera amazona como de su alter ego Diana Prince cumpe sobradamente y se hace con el manto. Otra cosa será su desempeño en una cinta donde todo el peso recaiga sobre ella, pero hasta entonces el voto de confianza se lo ha ganado.

Flash, seguramente su primer cameo más difícil de comprender si no se está al tanto de las últimas colecciones de DC Cómics. Dejando un lado el por qué y el cómo de su viaje en el tiempo, lo que llama la atención es el posicionamiento de Bruce Wayne como eje de la futura primera línea de defensa de la humanidad. Respecto al segundo cameo, nada que añadir que no sea lo complicado de asociar a un científico el look que muesra el Barry Allen cinematográfico.

Cyborg, otro cameo que se sube al carro de las referencias a los cómics, especialmente la línea marcada por los Nwe 52. Lamentablemente, juega en su contra el ser un personaje de segunda fila recientemente ascendido a la primera división. El tiempo dirá como es acogido por el gran público.

Aquaman, tiene en pinta en que nos encontramos ante el Khal Drogo de los mares. Un auténtico badass que hará las delicias de los acérrimos al cine de acción de los 80-90 y que, además, se desliga de todo lo visto hasta ahora del Rey de Atlantis en los cómics.

 

Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia, rompe con todos los canones establecidos en el mundo de los cómics, algo de lo que tiene buena parte de responsabilidad Zack Snyder. Un director privilegiado para todo lo relacionado con el aspecto visual en sus películas, pero que evidencia fallos a la hora de presentar una línea argumental clara. Unas carencias que no impiden que la película se pueda ver y disfrutar, a pesar de las múltiples reinterpretaciones de los personajes que descolocan a los fans incondicionales y de las complicadas alusiones al material original que pueden despistar al espectador estándar. No obstante, independientemente de cual sea su recaudación y su recepción por parte de la crítica, uno tiene la sensación de estar viendo una pequeña parte de un gran puzzle. El cual no tendrá sentido hasta estar completo. Por lo tanto, no queda otra que disfrutar del camino que se abre ante nuestros ojos y oídos.

 

P.D: De entre todas las habilidades de Batman jamás encontré la de los  suelos premonitorios entre ellas.

Hubieran estado bien escenas o frases de diálogos que justificaran como Lex Luthor averigua las identidades secretas de Clark Kent y Bruce Wayne.

Respecto a las películas o series sobre superhéroes se ha extendido un (justificado) mantra sobre su reticencia a ser un calco exacto de los cómics y sus infinitas tramas, buscando así un enfoque supercial de éstas para únicamente ofrecer al espectador, las piezas para profundizar en el mundillo del noveno arte por su cuenta. Pero sinceramente, ¿a qué obedecía exactamente esa directriz? Permitirán que un servidor la explique con dos palabras, Tiempos y Modos.  Algo tan simple como dotar a los personajes salidos de las viñetas de las fases necesarias para explicar su transformación en seres fuera de lo normal, a la vez que se narra esa evolución desde una perspectiva lógica. Cosa que Marvel’s Daredevil, sin lugar a dudas, consigue hacer a la perfección marcando la senda para futuros productos audiovisuales protagonizados por superhéroes.

 

Marvel's Daredevil 2º Temporada-Reseña-Tiempos y modos

En la segunda entrega de su cruzada personal, Matt Murdock es un vigilante ya establecido aunque en la mayoría su percepción por parte de sus vecinos se asemeja a la de una leyenda urbana. Las consecuencias de la victoria sobre su primer gran rival, Wilson Fisk, se hacen notar y el deseo en forma de protección y seguridad que quería conceder a su hogar empieza a mostrar signos de poder hacerse realidad. Nada más lejos de la realidad, la Cocina del Infierno se convertirá en el escenario de una serie de conflictos que pondrán a prueba su tenacidad y compromiso con su causa.

Marvel's Daredevil 2º Temporada-Reseña-Tiempos y Modos

En primer lugar con la aparición de Frank Castle, uno de los personajes más ricos en matices de la factoría Marvel Cómics. Dada  su falta de escrúpulos a la hora de ir donde otros vigilantes se niegan a llegar. Una entereza apreciada desde su primera aparición en pantalla y que, por supuesto, le lleva a enfrentarse al Diablo de Hell’s Kitchen debido a su diferencia notable de metodología.  John Bernthal pasa a ser otro acierto (ya he perdido la cuenta) de casting de Netflix, hasta el punto de que la opción de verle de nuevo en el universo televisivo de Marvel gane muchos enteros.

Marvel's Daredevil 2º Temporada-Reseña-Tiempos y Modos

Pero si The Punisher, representa el aspecto más mundano y callejero de los enemigos/aliados de Daredevil, Elektra Natchios nos abre las puertas al terreno místico y sobrenatural. Un mundo oculto con un poder de destrucción devastador, ante el cual Matt Murdock parece verse superado en varios momentos durante los trece episodios de la temporada. Como demuestra el retorno de su mentor (Stick) quien le revela la existencia de La Mano, una sociedad con fines apocalípticos que para sorpresa y agrado de los fans mantiene en pantalla toda su esencia de los cómics.

 

Pero si es vital para el transcurso de la trama, la parte nocturna de Matt Murdock también lo es su faceta diurna o lo que es lo mism, la de abogado. Un balance que en esta temporada le resultará más complicado de calibrar, lo que implicará una ruptura del triángulo formado entre él Foggy Nelson y Karen Page. Una suerte de abandono de sus obligaciones laborales por parte del protagonista, que sirve para introducirnos en la otra Hell’s Kitchen la que atañe a los hombres y mujeres sin habilidades especiales y que se resisten aún así a ver su mundo arder en llamas. Un grupo en el que también deberíamos incluir a Claire Temple, quien con menos cuota de pantalla que en la primera temporada nos sigue mostrando que para hacer la diferencia no hace falta nada más que fuerza de voluntad.

 

Marvel’s Daredevil lleva el género superheroico a un nuevo nivel, donde los arcos argumentales del cómic  pasan a ser el núcleo duro del guión y por lo tanto, la base sobre la que se construye todo el entramado actoral. Lo que en absoluto supone un impedimento para que la serie pierda calidad y mercado potencial en forma de espectadores, sino que enriquece el panorama audiovisual abriendo nuevas vías de aproximación y tratamiento de este género que a la luz del número de noticias que genera día a día, tiene cuerda para rato.

No realizaríamos un descubrimiento relevante para el devenir de la humanidad, al destacar la asombrosa y eficaz capacidad para el autobombo del estilo de vida americano.  Una capacidad que abarca con envidiable pericia todos  los aspectos relativos a la idiosincrasia del país de las barras y estrellas convirtiéndolos en un objeto de estudio e incluso de veneración, a pesar de que su glamour no sea el más llamativo a primera vista. Una ley no escrita que se cumple a rajatabla en la cuarta temporada de una de las series más aclamadas y mejor valoradas de los últimos años cocinada en el canal de streaming Netflix, la espléndida House of Cards.

House of Cards 4º Temporada-Reseña-La tiranía de Netflix

Tomando como punto de partida los acontecimientos con los que finalizó la tercera entrega de las aventuras y desventuras del matrimonio Underwood, en esta cuarta veremos como el precio del poder empieza a cobrarse sus altos honorarios. Haciendo las veces de un boomerang lanzado para noquear a los rivales, que decide retornar a su dueño con mayor agresividad y fiereza de la que poseía en un principio.  Y es que si durante los primeros cuatro episodios son las deudas pendientes entre Frank y Claire los que sirven para ofrecernos una tensión argumental propia de las mejores tragedias griegas y actuales, dado su enfoque sutil pero acertado de la situación de la america negra o afroamericana, del derecho a portar un arma en EE.UUU y de una de las enfermedades más devastadoras de lo que llevamos de siglo, el cáncer. Una vez resuelto y establecido el nuevo cauce de su relación (Leann Harvey mediante) entran en escena los múltiples cadáveres que ambos han guardado en el armario durante su carrera hacia el despacho oval.

Desde los últimos coletazos de Heather Dunbar para arrebatarles el liderazgo del partido demócrata, hasta el retorno de un Lucas Goodwin cegado por el odio y el rencor. Pasando por un Raymond Tusk obligado a colaborar de nuevo con la Casa Blanca  aunque los beneficios económicos sean cuantiosos para sus intereses. Y qué decir del combo Jackie Sharp y Remy Danton, cuya continua sumisión ante los caprichos de los Underwood alcanza en esta temporda su límite.

Pero si ha habido esta temporada un acierto de casting, por parte de la serie alojada en Netflix, es el de Joel Kinnaman como el Gobernador de Nueva York y candidato a la presidencia por el partido Republicano, Will Conway. Quien junto con su pareja y familia es mostrado como la mejor contrapartida posible a la dupla Underwood. Un duelo de modelos de vida, personalidades y de popularidad que agradece el espectador, pues encierra un relevo generacional extrapolable a otros niveles. Es este combate de voluntades el que absorbe la práctica totalidad de los nueve capítulos restantes, dejando un pequeño pero vital espacio a Tom Hammershmidt, periodista retirado a la par que desmotivado con la profesión que encuentra en el caso Underwood la motivación suficiente para volver a ejercer.

Cuando algunos pensábamos que la cuadratura de ese dichoso círculo llamado guión era imposible, Netflix nos confirma nuestro error. Con esta última observaremos unas cuatro temporadas perfectamente conectadas, en las que las acciones y evoluciones de todos los participantes en ellas son sobradamente justificadas y comprensibles. Sin importar la cuota de pantalla que tuvieron en su momento. Tómese como ejemplo la breves  e intensas apariciones de Freddy Hayes y Garrett Walker, sin los que la serie perdería bastante solidez y coherencia. O el proceder de Catherine Durant cuando se siente víctima de los Underwood en vez de colaboradora. Una excepcionalmente cuidada puesta en escena que nos obliga a plantearnos tras cada capítulo, cuánto de realidad contiene cada frase de  personaje o cada entresijo de las diversas tramas. Un porcentaje que quien escribe estas líneas considera más alto del que los guionistas y protagonistas de la serie se atreverían a confirmar, pero quizá y sólo quizá, eso es lo atractivo de la política…que no consiste en estar en posesión de la verdad absoluta sino de hacer creer al gran público que se posee.

 

Como tantos otros de los que amamos el deporte de la canasta en este país, la primera vez que escuché el nombre de Raül López fue durante la culminación del primer puñetazo en la mesa dado por la gloriosa generación del 80, en el mundial Junior del año 1999 disputado en Lisboa.  Siendo lo más destacado, bajo mi punto de vista, sus declaraciones tras un más que notable desempeño en la final donde el combinado nacional se impuso a la siempre imponente colección de estrellas ofrecida por EE.UU. El contenido de sus palabras, lejos de cualquier complejo de superioridad auguraba una reducción de distancias, entre los baloncestos practicados a los lados del Océano Atlántico. Como buen genio y conocedor de todo lo que rodea a este deporte, no le faltó razón.

El genio (de Vic) de la lámpara oxidada-Oda a Raúl López

Tras haber conseguido (aparentemente) lo más difícil, una transición meteórica y placentera del baloncesto de formación al profesional, siendo fichado a golpe de talonario y precio de superestrella por el Real Madrid donde cuaja unas actuaciones que le confirman como el base sobre el que debía cimentarse la selección española de la primera década del siglo XXI. Se empiezan a suceder situaciones en las que la lámpara destinada a gestionar su magia en la cancha, comienza a resquebrajarse dando síntomas de no ser el recipiente idóneo para administrar tanta clarividencia en el parqué. Malditas lesiones, que siempre se llevan a los mejores.

A partir de ahí cual héroe griego caído en desgracia pero más que dispuesto a reverdecer laureles, Raül López comienza un calvario para averiguar si su cuerpo es capaz de readaptarse a las órdenes de su cabeza privilegiada, da inicio a una cruzada personal en la que recalibrar funciones motoras se antoja primordial, pero sobretodo ofrece pinceladas (a cuentagotas) en los diversos equipos en los que ha militado como confirma su envidiable palmarés, de lo que pudo haber sido y no fue.

Cometeríamos un grave error al no valorar la carrera de aquel base descarado oriundo de Vic, como una de las más completas de los últimos treinta años de nuestro baloncesto. La cual tras  sobreponerse a severos varapalos consiguió dejar imágenes en nuestra retina que nos obligaron a levantarnos del asiento maravillados. Y es que como bien el dice aquella mítica frase del baloncesto: “Los fundamentos se enseñan…el talento, no. ” Y yo tengo claro que a partir de junio, echaré muchísimo de menos el de Raül López.

Para muestra un botón.