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Habiéndose convertido en un auténtico filón para DC la figura de Batman. La sobreexplotación del caballero de la noche y cualquiera de los personajes de su galería de villanos/aliados se ha vuelto costumbre. Hasta un grado que, como es habitual,  depende en gran medida de las filias y fobias que despierte el protector de Gotham. Y es que, si el foco recae sobre el murciélago más famoso del noveno arte, la polémica está servida.  Más aún, si comparte  protagonismo con la actual “niña bonita” de DC, Harley Quinn.

Batman & Harley Quinn- Loable aunque no imprescindible

 

En la buena dirección…

Dejando claro que la trama, debido a la duración de la película, es bastante aceptable.  A pesar de contar con unos condicionantes más que interesantes:

Una alianza inesperada entre dos villanos de contrastada trayectoria en pro del ecologismo. Una cuenta atrás para un plan que podría erradicar a la raza humana. La necesidad de conseguir la ayuda de una persona de dudosa moralidad para evitar una catástrofe.

No podemos evitar pensar que nos encontramos en un episodio inédito de la exitosa serie animada de los 90. Cuya autoría y disfrute (al menos el de un servidor) debemos al gran Bruce Timm. O por lo menos durante el primer tercio del film.  Dado que aunque se mantenga la estética tan “Al Capone” de dicha animación. Tan bien lograda por Tim Burton en sus dos primeras  (y únicas) películas del murciélago. Lo cierto es que esa estética tan oscura y seria (palabras cliché de DC guste o no) pasa a un segundo plano. Porque esta película no es más que una campaña promocional de un personaje recientemente venido a más. Nada más y nada menos que Harley Quinn.

Porque no nos engañemos, gracias a una serie de decisiones tomadas en el seno de DC Cómics. Principalmente en la película de Suicide Squad y en  los cómics de Injustice. La otrora compañera de fechorías del Joker se ha ganado el derecho a “volar sola”. Hasta el punto de arrebatarle cuota de protagonismo al Señor de la Noche en una cinta. Un “game changer” que a luz de los acontecimientos ofrece un amplio abanico de posibilidades. Dada la capacidad para desenvolverse entre las finas línea del bien y del mal de la Doctora Harleen  Frances Quinzel.

Si el DCAU quería dar un puñetazo en la mesa, lo ha hecho de forma contundente. Una apuesta por un valor en ciernes que no podría haber salido mejor. Harley Quinn a partir de ahora, jugará en las ligas mayores.  Porque la simple mención de su nombre es un aliciente para el espectador.

 

Bien jugado, DC. Bien jugado.

 

 

Y a la cuarta entrega (tercera según dónde ubiquemos Man of Steel) el DCEU convenció a crítica y público. Un momento que los más viejos del lugar asegurábamos que moriríamos sin llegar a ver. Pero que finalmente ha ocurrido. Eso sí,  recurriendo a uno de los métodos menos utilizados en el cine actualmente. Centrarse en el cómo y el por qué; antes de en el qué y el quién. Y es que, sabiendo de antemano el nombre de la protagonista Diana de Themiscyra; hija de Hippolita, Reina de las Amazonas. Destinada a ser la mejor luchadora del pueblo guerrero por excelencia en la mitología griega. Lo que ha querido recalcar la cinta es su travesía por el corrupto mundo de los “hombres”. Y la razón de su influencia en su habitual forma de ser y proceder.

Wonder Woman-Simple y Sencillamente, Diana

 

No es país para hombres

Pues sí, pero no. Me explico. En una sociedad actual en la que el rol de la mujer no es el que debería. Y entendemos cómo el que debería el de aquel que le coloca en igualdad de condiciones ante el hombre. Diana está llamada a dar voz a esa corriente que aboga por hacer desaparecer diferencias o clichés por el sexo al que se pertenezca. La princesa Amazona es magnánima a la par que irreductible. Bondadosa a la vez que implacable. Con el oprimido y el opresor, respectivamente. Una complejidad emocional que nada tiene que envidiar a la de otros superhéroes varones. Un dato que no se difunde tanto como debería. Privándonos (seguramente) de disfrutar de historias de la talla de ésta, dirigida con maestría por Patty Jenkins.  En resumen, por supuesto que es importante que mujeres creen y/o lleven la voz cantante en grandes producciones.  Tanto o más que el gran público, mayoritariamente masculino, consuma esos contenidos.

 

No es la luz, estúpid@s

Pues sí, rotundamente y sin matizaciones. Porque si en anteriores entregas del DCEU se ha alegado que se recurría a un tono oscuro como elemento diferenciador respecto a Disney Marvel. Relacionando la oscuridad con la madurez y la seriedad.  Nada más lejos de la realidad, la dualidad luz vs oscuridad, como sinónimo de inmadurez vs madurez. Es un planteamiento erróneo. Guiones sólidos, personajes bien construidos y desarrollados, buen manejo de los tiempos o actos… Lo que viene siendo a ser el ABC de la creatividad en la ficción.  O en este caso un manual de instrucciones perdido en el cajón del despacho de algún directivo de Warner Bros.

¿Y ahora…qué?

Zack y Deborah Snyder, Geoff Johns, Patty Jenkins, Charles Roven…han dado con la tecla. No entra dentro de mis habilidades, hasta el momento, el atribuir a cada cual su grado de responsabilidad.  De ahí que lo relacione con el resultado de un trabajo coral asambleariamente organizado. Los padres y madres (conceptualmente) de Diana no deberían tener problemas, de ahora en adelante en extrapolar este procedimiento a otras entregas del DCEU. A no ser que…el rayo se trate de un rayo que no golpee dos veces en el mismo sitio.

 

 

Lo peor: Villanos creados expresamente para el lucimiento de la heroína.

Lo Mejor: …”sólo el amor puede salvar al mundo”. “No es cuestión de qué mereces, sino en qué crees”.

Dc Cómics, en su versión Cinematográfica Animada vuelve a ofrecernos un producto serio y bien cuidado. En esta ocasión, tomando como protagonistas a una de sus múltiples formaciones superheroicas, los Teen Titans. Un grupo  de dilatada trayectoria que por inexplicables razones ha visto modificado su membresía original en los últimos tiempos. (Cofff, Cofff…Zack Snyder) No obstante, pullas aparte. Ya sea como aperitivo de la tercera temporada de Young Justice o por su revisión del cómic que da nombre a la película. Es necesario ver The Teen Titans “The Judas Contract.

 

Teen Titans "The Judas Contract"-Reseña

 

Acertadamente la cinta comienza con lo que debemos suponer el grupo Teen Titans original. El primer Robin, el primer Kid Flash, Speedy, Bumblebee y Beast Boy. Que interrumpen una transcendental conversación sobre pizza y twitter para salvar a una joven de sus captores. Joven que no es otra que Starfire, futura miembro y líder de los Teen Titans.

Si pasamos por alto que chirría ver a Beast Boy y a Bumblebee como miembros de pleno derecho sin una introducción apropiada. Este flashback es correcto. Partimos de la base de que aunque DC cuenta con una amplia galería de personajes, los pesos pesados mandan. Como en todos los aspectos de la vida.  Por lo que Nightwing, Robin (Damian) y Starfire llevarán la voz cantante. El resto de héroes son un mero complemento.

Cinco años después del rescate de Starfire, nos encontramos con una nueva plantilla de Titans. Éstos son Starfire, Robin, Blue Beetle, Raven y Terra. Que bajo sugerencia de Nightwing (Dick Grayson) atacan una de las bases del culto de Brother Blood. Quien escapa gracias al chivatazo de un viejo conocido de algunos de los jóvenes héroes.

De vuelta en su base de operaciones, sus labores como superheroes y defensores de los oprimidos, ley y el orden. Entran en conflicto con su necesidad de sentirse algo más que tipos y tipas con mallas.

Resulta un acierto (y un alivio) ver a Deathstroke enfrentándose a quienes (por antonomasia) son sus verdadera  némesis. Mostrándose como el enemigo temible que te hace sudar tinta en combate y llevarte hasta tus límites psicológicos. Es positivamente destacable además, el interés en contar la cara menos amable del superhéroe. Tan importante como contar con un rival de altura, analizar con detenimiento la carga que implica salvar el mundo día sí y día no. Especialmente cuando esta carga tiene que ser portada por un adolescente. Es por eso que el trato de Jaime Reyes aka Blue Beetle es breve, pero certero. Al igual que el de la última adquisición de los Titans, Terra. Quien por medio de sus flashbacks nos revela el recorrido  de un camino nada favorable para llegar dónde se encuentra ahora.

El comportamiento de Terra activa las alarmas de Raven y Robin, quienes sospechan que éste supone algo peligroso para el grupo. Starfire comprueba cómo su capacidad de liderazgo no es tan buena como ella pensaba. Nightwing y Robin continúan investigando sobre las verdaderas intenciones de Brother Blood. Quien ordena a su “empleado” Deathstroke” que le entregue ya a los Titans. Porque para que se plan maestro se lleve a cabo, es vital su intervención.

Vuelve a entrar en escena uno de los villanos clásicos de los Titans, aportando todavía más empaque al rol de Deathstroke. El mejor mercenario del mundo. Por otro lado, los intentos de Beast Boy por abandonar la “friendzone” son el contrapeso perfecto para la seriedad y dramatismo que envuelve al resto de sus compañeros. Eso sí, tan coherente como verosímil.

Deathstroke da el pistoletazo de salida a su operación y tras capturar a Robin. Hace lo propio con Beast Boy, Starfire y Raven gracias a su “caballo de Troya”, Terra. Únicamente Nightwing logra escapar de él tras fingir su muerte. No obstante, lo que parecía vaticinar un cobro por sus servicios sin incidentes. Acaba desembocando en una traición de Slade Wilson a su protegida “Terra”, quien se une a sus ex-compañeros como prisionera de Brother Blood. La irrupción de Nightwing consigue liberar a los todos los Titans y comenzar una batalla contra Blood y Deathstroke. En la que vencen con un alto coste, la vida de Terra.

El aborde de tramas más adultas no siempre aporta cosas positivas. Un claro ejemplo es la transformación de Terra en la “Lolita” particular de Deathstroke. O que Brother Blood acabe siendo el “Amazo” de los Teen Titans. Giros de guión innecesarios que emborronan bastante una película que no necesitaba de esos  recursos tan repetitivos para sobresalir.

A nivel narrativo poco más se puede destacar de este tercer acto, que no sea el más puro fanservice. Ver una especie de revancha por parte de los “Batboys” y Terra hacia Deathstroke es impagable. Al igual que a unos Starfire, Blue Beetle y Beast Boy totalmente desatados y sin estar obligados a guardarse nada en su combate con AmazoBlood.

 Si Justice League vs Teen Titans dejaba un amargo sabor de boca, esta nueva entrega dulcifica su último bocado. O por lo menos, da muestras de que su siguiente secuela podría “maravillarnos” (guiño, guiño).

En su última aportación  al mercado de las películas animadas, DC Cómics presume de banquillo superheroico para presentarnos a uno de los grupos más variopintos de su universo de las viñetas, Justice league Dark.

Justice League Dark-Cuando la Magia se queda sin trucos

Hasta los mismísimos del peso del murciélago en DC, por si no os habiaís dado cuenta.

La película comienza con una serie de acontecimientos inexplicables, en forma de crímenes atroces cometidos por gente común por culpa de unas alucinaciones. Una serie de eventos que no pasa desapercibidos para la Liga de la Justicia, dado que en una de sus reuniones debaten sobre el origen y la forma de lidiar con estos sucesos tan inexplicables como letales para la humanidad.

Por otro lado tenemos a un tal John Constantine jugando al póker contra unos demonios, quienes reciben de su propia medicina perdiendo así una partida contra el detective de lo paranormal. Una derrota que no aceptan de buen grado y que podría haber supuesto el fin de Mr Constantine de no ser por la intervención de Jason Blood y su alter ego, Etrigan aka el demonio que habla en pareados.

 

Nada que objetar a este primer acto de la película, presentación de una amenaza que ni los héroes más poderosos de la Tierra (Marvel sabe vender mejor sus productos, coff, coff, coff) pueden explicar o neutralizar. Pero puestos a pedir, hubiera estado bien justificar más y mejor la ausencia de Hal Jordan y presencia de John Stewart  en esa reunión de La Liga de la Justica, además de la membresía de Hawkman o el Detective Marciano y ya que estamos añadir a algún miembro más con el cromosoma XX…En lo que concierne al rubio de la gabardina aka un hombre llamado tabaco, no se puede pedir más. Cualquiera que haya leído los cómics de Vértigo, sabe que si necesitas saltarte varias reglas para cumplir con una hoja de ruta; John Constantine es tu hombre.

Un Marciano, un arquéologo con un exotraje alado y armado con una maza, un Linterna Verde y una Princesa Amazona…pero el más indicado para lidiar con la magia es Batman. Muy lógico.

La película continúa dejando claro que Batman no cree en la magia, o al menos no le da la importancia que algunos de sus compañeros de trabajo le dan. No obstante, todo cambia cuando lee unas pintadas con sangre en las paredes de su casa con un nombre, John Constantine. Una invitación a buscar y encontrar al susodicho, lo que consigue gracias a Zatanna y Deadman. Una vez hechas las presentaciones, el atípico grupo inicia una investigación para averiguar la naturaleza de la amenaza que se cierne sobre el mundo. Es ahí donde entran personajes como el físicamente castigado Ritchie Simpson y Swamp Thing, además del retorno a escena de Jason Blood.

No voy a caer en la típica crítica a la incredulidad de Batman para con las artes místicas porque…NO. Sí, lo voy a hacer. Mayormente porque no tiene ni pies ni cabeza que tras haber detenido una invasión alienígena y haber evitado una guerra contra un Reino Submarino, Mr Wayne tenga las narices de menospreciar a la magia como factor desequilibrante de la realidad tal y como se conoce.  Supongo que de alguna manera hay que preparar al espectador para que no le chirríe que un humano corriente y moliente se codee con espíritus vengadores, magos, hechiceros y demonios. Esto es DC y por lo tanto, todo debe girar en torno al lucimiento del justiciero disfrazado de murciélago.  No obstante, a pesar del Batmancentrismo, la cinta avanza aceptablemente mostrándonos una relación amor y odio entre Constantine y Zatanna aparte de  las habilidades y motivaciones de Deadman, Swamp Thing y Jason Blood/Etrigan.

El abuelo de mi hijo burlaba a la muerte introduciéndose en unas fosas…pero no creo en la magia.

Cuando todos los indicios apuntaban en una dirección, la de Félix Fausto. La trama nos revela el verdadero autor intelectual del caos místico desatado sobre la tierra. Nada más y nada menos que el fruto de una promesa de poder ilimitado y vida eterna que acaba derivando en el retorno de un viejo conocido de Jason Blood.

 

Uno esperaría este previsible giro de guión en un capítulo de relleno de una temporada de 24 episodios de una serie de acción palomitera tipo Hawai 5.O, pero no en una producción cinematográfica con un presupuesto importante. ¿No? Pues eso, que colocar al viejecito moribundo como la mente maestra de todo para luego convertirlo en un pelele ciego de ambición y ahogado por la desesperación, es algo así como dar por finalizada una batalla a muerte porque las madres de los oponentes se llaman igual.

Mi ácido comentario le quita al sueño a directivos de Warner Bros, Chris Terrio y a Zack Snyder. Lo sé.

También es para hacerse mirar que si enfrentas por segunda vez a un Green Lantern, poseedor del arma más poderosa del Universo, contra Batman…repitas la misma forma de derrotar al portador del anillo de la voluntad que en Justice League War. Pero ya sabéis que  ante la duda…”he can do anything, because he is Batman”.

Al final el mal es vencido y  erradicado por lo que los héroes supervivientes, voluntarios o involuntarios, vuelven a su rutina. Lógicamente la veda para las amenazas mágicas se ha abierto y a la Liga de la Justicia no se permitirá el lujo de no tener en nómina a especialistas en ese campo. La Justice League Dark…ha nacido.

 

De nuevo y ya van unas cuantas veces, DC desaprovecha la oportunidad para atisfacer a sus fieles seguidores y atraer a nuevos incautos a sus dominios, Justice League Dark se queda a medio camino entre ensalzar una etapa más del camino tormentoso camino de Batman en este mundo y convertir a John Constantine en un matón de instituto con un gran corazón.

 

Lo mejor: Orquídea Negra.

Lo peor: Un mapache modificado genéticamente hace mejor de tipo duro con una moralidad cuestionable, que uno de los hechiceros más poderosos del Universo DC.