Category: Marvel

Tras el macroevento  The Defenders, augurar un reenfoque en la dupla Marvel/Netflix era algo más que razonable. Dado que por mucho que se empeñen en demostrar lo contrario. El formato de 13 episodios no surte el mismo efecto en  todos los “colegas” de Daredevil. No obstante, en esta aparentemente Fase II del MSU (Marvel Series Universe) observamos las mismas carencias que en su Fase I. Llegando al punto, en esta segunda temporada de Jessica Jones de ofrecer muy poca novedad. De ahí que, visualicemos de una manera mecánica una serie con un potencial innegable. Pero que renuncia desde sus primeros minutos a sorprender y profundizar.

 


Jessica Jones 2ª Temporada-Un paso adelante y dos atrás

 

Nada crece…si no come

Vaya por delante lo siguiente. Recalcaré hasta la saciedad la impresión de poco elaborada que da la trama general de esta temporada. Ya no porque sea una obviedad, sino como (probable) hoja de ruta del combo Netflix/Marvel.  Como mínimo, hasta que el inminente servicio streaming de Disney esté al 100% operativo. Habiéndome desviado más de lo deseado, procedemos a analizar esta segunda aventura en solitario de la fundadora de Alias Investigations.

Si el final de The Defenders dejaba a todos sus miembros en una posición que les obligaba a actuar como superhéroes. Apreciaremos que en lo que concierne a Jessica Jones, el altruismo no es una opción. La detective retorna a su vida post-Kilgrave, lo que implica mantenerse fuera del radar de lo sobrehumano. Por más que el alcance de sus logros impliquen varias solicitudes de ayuda por parte de algunos habitantes de New York. Ésta, es una apuesta argumental que casa perfectamente con la construcción del personaje en el cómic. Y no supondría ningún inconveniente, si no fuera por cómo se desarrolla y a lo que precede, el pasado de Jessica. Un pasado que ya tuvimos la suerte de explorar en la primera temporada y cuyo uso en la segunda, ni sorprende ni se entiende.

Incluso quedando mucho por contar sobre el accidente en el que perdió a su familia y casi la vida. Seguir volviendo a esa etapa de la vida de Jessica Jones resulta cansino. Mucho más, si conocemos las posibilidades que ofrece una exploración de otras facetas de su día a día. Y más todavía, cuando se utiliza ese recurso para ofrecernos un arco argumental sin ninguna conexión  con los cómics. Una técnica que hace del mayor atractivo de la protagonista, el rechazo de la etiqueta de heroína, un elemento nada diferenciador.

Compañías poco llamativas

Lamentablemente, no sólo la calidad de la trama ha dado varios pasos hacia atrás. El enfoque y desarrollo de los secundarios, también ha sufrido de ese mal. A excepción claro, de la implacable Jeri Hogarth, excelentemente interpretada por Carrie-Anne Moss. La única que no cuenta con una conexión directa con Jessica Jones. Todo lo contrario que Malcolm y Trish Walker, quienes se ven arrastrados y atrapados en la espiral de frustración de la protagonista.

Mención aparte merecen los casos de Will Simpson, inexplicablemente desaprovechado. Y por supuesto la dupla de IGH, Karl Malus y su paciente, desencadenantes de un cúmulo de giros argumentales que rozan lo cómico e incluso paródico. Más aún cuando se convierten el eje principal sobre el que giran 13 episodios.

No obstante, sí que es de justicia reconocer lo inteligente  de colocar el papel de antagonista no en una persona física, sino en una toma de decisiones. O en su defecto de la privación de esa facultad. Observaremos a lo largo de la temporada que Jessica se enfrenta a un alma atormentada y maltratada , como ella. Que se mueve peligrosamente entre la maldad por desconocimiento o por indiferencia ante sus consecuencias. Entre la crueldad por egoísmo o como forma de profesar amor incondicional. Una condición que aunque es tremendamente destructiva en gente con superpoderes, se puede encontrar en las personas normales. Como podemos apreciar en la serie.

La Jessica que ni merecemos ni necesitamos

El distanciamiento entre la vertiente seriéfila y cinéfila de Marvel es evidente. A pesar de las constantes referencias entre los dos mundos. Un problema de directivos y de licencias, absolutamente cotidiano en el negocio audiovisual Pero que, indudablemente, ha provocado que los miembros de The Defenders se queden siempre a medio camino. Y por consiguiente el espectador, que conozca los cómics y el que no, queda siempre con un sabor de boca.

Próxima parada, Luke Cage.

Aunque el contexto racial o étnico de la cinta ha sido motivo (y lo que queda) de múltiples parodias.  Sería injusto negar el puñetazo en la mesa , otro más, por parte de Marvel/Disney que supone Black Panther. Y es que si, en ocasiones se puede acusar al Imperio Audiovisual de Kevin Feige de adulterar la esencia de sus personajes.  Debemos reconocer que en términos generales, la fórmula no se resquebraja demasiado. O no lo suficiente para ser preocupante. No obstante, personalmente creo que el tratamiento según qué personajes varía en la Casa de las Ideas. Y a lo mejor por su relevancia en la cada vez más próxima Fase 4. O quizá porque se trata del lo que pudo ser y no fue con otro miembro de la realeza Marveliana. Las impresiones sobre la primera entrega de las aventuras del Rey de Wakanda son más que positivas.

Black Panther-Wakanda se construyó en algo más de dos horas

 

Si el antagonista funciona…todo funciona

Una axioma el cual, coincidiremos en que  no encierra la fórmula de la Coca-Cola. Pero que ha derivado en más de un desaprovechamiento de vilanos llamados a hacer sombra a su rival. Una peligrosa costumbre que afortunadamente en esta ocasión no se repite con Killmonger. Un antagonista hecho a la medida de la película. Y que como establecen los cánones, condiciona todas las decisiones del héroe  y su entorno. Una concienzuda mente maestra que se sirve de fantasmas del pasado de Wakanda para dar el pistoletazo de salida a su plan. (Sí, Ulysses Klaw merecía más y mejor tratamiento) Un plan tan básico como la venganza pero con una construcción verosímil al milímetro. Puesto que cuenta con un argumento de tan contemporáneo como de peso, el del racismo.

 

Privilegios…para qué os quiero

Una de las conclusiones que van siempre ligadas a un tono maduro en una cinta. Es la posibilidad de tocar temas que de otra manera no contarían con un enfoque apropiado. Puesto que si antes hemos mencionado el racismo, debemos ligarlo ineludiblemente a los privilegios. Un término que se gana a pulso ser el eje sobre el que gira la trama. Wakanda, nación ficticia africana, es el país más rico del Universo Marvel. Y cuenta además con un “recurso natural” que hace palidecer a los otros existentes en dicho Universo. Esta situación atípica sirve para colocar en una posición inusual hasta la fecha al continente africano, o una parte de él. Al evidencia que su ventaja no ha repercutido en una influencia directa y positiva en el mundo exterior. Por lo que es lógico preguntarse, ¿cuál es la diferencia entre no involucrarse en evitar la opresión y ejercerla directamente? ¿Por qué no se utilizó la avanzada tecnología de Wakanda en el pasado para corregir los errores del resto del planeta?

Cuestiones que si bien pertenecen exclusivamente al mundo de la ficción. Revelan que el trasfondo de esta última entrega de Marvel plantea interrogantes serios. De esos que hacen plantearse varios visionados y concienzudos análisis.

 

El final para la gallina de los huevos de oro que supone el género superheroico se posterga, hasta nuevo aviso. Sobre todo si seguimos contando cada cierto tiempo con películas que van un paso más allá de sus predecesoras.  Y consiguen entretener, sorprender, satisfacer…además de ilusionar.

 

 

Wakanda Forever

 

 

Muchas esperanzas estaban depositadas en la adaptación que Netflix podría ofrecer sobre Frank Castle. Personaje de potencial indiscutible debido a su “método personal” para lidiar con criminales. Faceta no explotada hasta la fecha y que prometía, si se llevaba a cabo, resultados inmediatos.  Si el status quo del Universo Marvel aboga por presentarnos seres con habilidades especiales que usan su don para el bien. Con Marvel’s The Punisher conocemos aun hombre que hará todo lo posible para que el mal no tenga posibilidad de volver a actuar.

Marvel's The Punisher-Lo que la verdad esconde

 

La mano que mece la cuna

El mundo militar es el eje sobre el que gira la trama de estos 13 episodios de (esperemos) primera temporada. Haciendo especial hincapié en la cadena de  mando y quienes se colocan en sus eslabones más altos. Básicamente porque Frank Castle, tal y como vimos en la segunda temporada de Daredevil, durante una buena época de su vida se limitaba a cumplir órdenes. Siendo más que competente en ese cometido. De ahí que su estado en los primeros episodios y su transformación en The Punisher se deba a cuestionables decisiones tomadas por los “altos estamentos”.

Una clara declaración de intenciones que busca explorar un lado desconocido (a excepción de TWS) del Universo Marvel. La corrupción política/institucional, plasmada en el todo vale para salvaguardar la seguridad de una nación e incluso del mundo.  Un panorama de grises en el que atribuir culpas y responsabilidades sin margen de error es harto complicado. Ya sea por desconocimiento de la versión oficial o por confianza ciega en quienes la cuentan. A menos claro, que seas  The Punisher.

 

 Dime con quién andas…

Aunque el peso de la trama recae en un alto porcentaje sobre los hombros de Frank Castle. La elección del elenco para dotar a su historia de empaque y tensión no podría haber sido acertada. Desde el personaje de Karen Page, que ha sobrevivido exitosamente al empeño de guionistas de que haga el papel del Ben Urich de los cómics, quien se libra de la etiqueta de damisela en apuros para representar la incomodidad del cuarto poder para quienes “mueven los hilos”.

También debemos destacar a Micro, como muestra de cómo las nuevas tecnologías tampoco son inmunes a factores manipuladores externos. Al sufrir una poética vuelta de tuerca a la célebre frase “quién vigila a los vigilantes”. No obstante, lejos de de ceñirse a ser solamente una mente maestra tras la pantalla del ordenador su interacción con Frank Castle deja patente una química envidiable. Convirtiéndoles a ambos en las dos caras de una misma moneda o un salvavidas moral y mental recíproco.

Dinah Madani, quien sigue la estela de personajes femeninos nada estereotipados del Universo Marvel-Netflix. Ofreciéndonos a una agente del FBI obcecada corregir todos los fallos del sistema.

 

 

Si bien los villanos son convincentes y temibles, hay que reconocer que no se acercan lo más mínimo ni a Kingpin o Killgrave.  Un propósito que, seguramente, sirva para constatar que no se busque derrotar a una organización  sino a un modelo completamente instaurado. Una tarea cuyo coste pueda ser tanto la salud física como la mental.

 

 

 

 

He de reconocer que he tardado demasiado en ver el gran evento (¿de la fase 1?) del combo Marvel/Netflix. Una experiencia que decidí postergar hasta la llegada de The Punisher, serie en la que tengo depositadas muchas esperanzas. Como forma de aliviar un más que probable mal trago, en forma de no satisfacción de expectativas. Tenía razón, en parte. Porque si bien es verdad que el potencial que muchos atisbábamos para el cuarteto de héroes callejeros neoyorquinos, apenas se rasca. El enfoque aplicado a su serie aporta más luces que sombras, y principalmente revela un más que prometedor futuro por delante. Y es que, tras un par de entregas un tanto flojas. Netflix con The Defenders, parece haber cogido impulso…para, deseamos, no volver a mirar a atrás.

Marvel's The Defenders-El hartazgo de la Tierra de Nadie

 

Dictum y Modus

El factor diferencial para encauzar positivamente nuestra valoración de The Defenders es su extensión. Puesto que si en las últimas entregas Marvel/Netflix se ha constatado que no todos sus héroes pueden “llenar” 13 episodios. La apuesta por un formato de miniserie además de evitar el tratamiento de tramas secundarias ralentizadoras o crispantes. Camufla las capacidades interpretativas de actores y actrices implicados, incapaces de adoptar más de un registro. No obstante, es innegable reconocer que el periplo individual de cada uno de los héroes supone un punto de partida más que sólido. De ahí que los  procesos de reclutamiento, planificación y ejecución de su plan conjunto no presenten fisuras. Todos y cada uno de los Defensores tienen razones de peso para encontrarse dónde se encuentran cuando la ofensiva de La Mano comienza. Y por lo tanto para reaccionar cómo reaccionan antes, durante y después de los acontecimientos expuestos. Es decir, si el entretenimiento se ciñe a las leyes de la lógica, sabe mejor.

 Héroes y Villanos convincentes

Mucha expectación levantó la elección de Sigourney Weaver como enemigo a batir por The Defenders en su primera aparición. Básicamente, porque el bagaje actoral de la susodicha prometía una villana a la altura de Kingpin o Killgrave. Prometía…pero al final nada. Lo que es una autentica pena, vistas sus motivaciones convincentes y su status dentro de La Mano.  Un medio camino el de Alexandra interrumpido, por una antiheroína que por mucho que se empeñen…no llena su traje. 

Mención aparte debemos darle al protector K’un Lun, quien continúa con su éxodo hacia (esperamos) convertirse en el personaje que conocemos del cómic. Un proceso de transformación que aparenta llegar a su última fase, a juzgar por la última voluntad de Matt Murdock.

 

 

Cuando todo lo demás falla o no cuaja, siempre nos quedará el fanservice. Si con Daredevil y Jessica Jones la conexión entre producto audiencia fue inmediata. Con Iron Fist y Luke Cage costó bastante más, por decir algo. Quizá por eso se haya apostado en la unión de estos cuatro por un enfoque más directo. Evitando que las tramas secundarias se desvíen demasiado de la principal, lo que es de agradecer.

No obstante, habrá quien eche en falta un mejor aprovechamiento de los inagotables recursos del cómic. Quizá en otra ocasión. O lamentablemente quizá no. Y la costumbre de Marvel en hacer de cada parte de su Universo una especie de aduana que prepara para la siguiente aduana, se mantenga hasta el infinito.

 

 

 

Año 2012, primera interacción del hijo de Odín con sus “compañeros de trabajo”. Y enésima decepción con su tratamiento, aunque ésta fuera hábilmente tapada por lo  inusual de su contexto. Una tónica representativa del personaje que le ha convertido en una rémora para el MCU. Haciendo imposible, aparentemente, dotarle de un carisma y/o personalidad propia como si ocurre con otros Vengadores. Una indefinición que una vez finalizada la (por ahora) trilogía del príncipe de Asgard. Nos obliga a cuestionarnos si alguna vez hubo una hoja de ruta para él.  O si sólo se han dado volantazos en busca de una historia que justificara el presupuesto de sus cintas. Lo que un servidor opina que ha ocurrido con Thor:Ragnarok.

Thor:Ragnarok; Nerfeando que es gerundio

Thor, el Dios de los “chascarrillos” 

Para quienes siempre hemos asociado la figura del Dios del Trueno, a la de un guerrero implacable y temible. Sentirnos identificados con la personalidad transmitida en esta secuela, es un ejercicio agotador. Principalmente porque dista demasiado de la imagen dada en sus dos primeras entregas. Un lavado de cara que aunque comprensible e incluso admirable. Lleva a la confusión sobre quien es el verdadero protagonista de la película. Y hace  indescifrable el hilo conductor de la trama. En segundo lugar, porque proyecta un carácter de Thor nunca antes visto hasta la fecha.  Una “ligereza” que hace flaquear toda tensión o punto álgido de la trama. Más aún si ésta viene construida alrededor de un combate contra “pesos pesados”entre los  antagonistas de Thor, como Hela o Surtur.

Dicho con otras palabras, Thor (indiscutiblemente) no puede ser el tipo duro que busca reducir constantemente la tensión de combate con un chiste. Básicamente, porque es un semidiós entrenado para la batalla y no es Tony Stark o (en menor medida) Stephen Strange.

 

Los caminos del trasfondo son inescrutables

No obstante, (y afortunadamente) no es gag todo lo que reluce. Y si hay algo que es meritoria en esta cinta es la capacidad de informar con una brevedad envidiable sobre el cómo han llegado hasta dónde están algunos de sus personajes. Véase el caso de Odín, Hulk, la anticanónica Valkyria y el mismísimo Hechicero Supremo del Universo Marvel. Casos en los que pocas escenas y las justas líneas de guión, no desvían al espectador del objetivo principal del film. La narración de la destrucción del hogar de los conciudadanos de Thor.

 

Para concluir, no queda otra que calificar como encomiable a la par que exitoso, el lavado de cara de la franquicia mitológica del MCU.  En esta tercera entrega. Una opinión fundamentada en la buena taquilla y reseñas favorables que la película ha cosechado y cosechará. Sin embargo, los más “puretas” del noveno arte echamos en falta la ausencia de un enfoque más épico y ceremonioso para el semidiós nórdico, Thor.  Supongo que debemos asumir que el dinero manda. Y quien pone la pasta para que el MCU siga adelante, sólo en contadas ocasiones, está por la labor de cambiar los ingredientes de su fórmula mágica.

 

 

Fue allá por el 2002 cuando tuvimos la posibilidad de ver por primera vez en pantalla grande, al trepamuros por excelencia. Una quincena de años que nos ha llevado a conocer a dos “Tío Ben” y dos “Tía May”. Además de dos Harry Osborn, dos Gwen Stacy y…tres “Peter Parker” aka Spiderman. Una variedad de actores y actrices para mismos papeles que ha exprimido la gallina de los huevos de oro.  O eso era lo que muchos pensábamos hasta la aparición de dos conceptos clave. Kevin Feige y Universo Compartido. Una especie de tierra prometida dónde las opciones de desarrollo del Hombre Araña se volverían infinitas. Algo que a fin de cuentas, quienes conocemos al amigable vecino, incluíamos en nuestras oraciones.

Spiderman : Homecoming-Cuestión de Peajes y Tarifas

La Casa de las Ideas…lo hizo de nuevo

Las plegarias de los fans fueron escuchadas, lucrativo acuerdo entre compañías mediante. Por ese motivo, había que ofrecerles aquello que tanto deseaban en un formato no visto hasta la fecha. Una presión añadida de no defraudar a quienes te han colocado en tu posición privilegiada.  Puesto que, de su satisfacción depende tu estabilidad. Una situación tremendamente exigente que requería de una respuesta contundente e inequívoca. Objetivo conseguido con el enfoque aportado para  esta tercera versión de la víctima de la araña radioactiva.

Uno de los puntos débiles de las anteriores sagas, fue el escaso protagonismo de la etapa estudiantil de Peter. Una época, la del Instituto, que en los cómics resulta ser la base de la personalidad de Spiderman. Y que por razones de coherencia contemporánea debía plasmar la multiculturalidad. Un proceso social no exclusivo de New York, si no de gran parte de las ciudades del “primer mundo”. Una diversidad a la que se debe reconocer sus aciertos y sus fallos. Como el de privarnos de un Flash Thompson más apegado a su homólogo de las viñetas. Insisto, no por su etnia sino por su irreconocible personalidad.

La puesta en escena y desarrollo del villano, piedra en el zapato del MCU hasta la fecha, es elaborada.  Un adjetivo que había costado utilizar en alrededor de 15 películas, sin que ello repercutiera la taquilla y crítica. Pero que cual pesada losa, no hacía sino evidenciar los problemas de Marvel en construir archienemigos mínimamente creíbles. Así pues, nos encontramos con un “emprendedor” forzado a quebrantar la ley para asegurar la supervivencia económica de su familia.  Un Robin Hood del siglo XXI que tiene la mala suerte de vender armas de destrucción masiva a matones de barrio. Un pequeño detalle que llena sus bolsillos, pero que convierte a New York en una zona de guerra.

MCU…¿”conejillo de Indias”?

Y como plato principal, el porqué todo vale en esta película. La ubicación de Spiderman como pieza de algo más grande. Un universo compartido en el que la colaboración con Iron Man, (justa y no cargante) membresía de los Vengadores…es posible. Una realidad que nos permite imaginar que otr@s descarriad@s de Marvel vuelvan a casa, si el éxito está asegurado.

 

De ahí que lo más importante de esta película no es su calidad, sin lugar a dudas  aceptable. Sino el puñetazo en la mesa que conlleva. Al mandar el siguiente mensaje: “puede que os cediéramos los derechos de algunos de nuestros personajes anteriormente, pero ahora sabemos cómo explotarlos mejor que nadie. Si queréis partir ganancias, ya sabéis lo que hay que hacer”.

 

Que el binomio Marvel-Netflix no podía seguir sosteniéndose sobre una estructura tan pobremente cuidada, estaba claro. Otra cosa era la fe ciega de muchos, servidor incluido, en que evidentes signos de decadencia se revirtieran. Y no, no se trata del típico juicio salido del resentimiento o el hateo gratuito, sino de la cruda realidad. La cada vez más patente separación (voluntaria) de los Universos Marvel Televisivo y Cinematográfico. Junto al empecinamiento en cubrir una absurda tasa de cuotas temáticas, desechando así tramas jugosas del cómic o reales. Todo ello sumado a la ya tediosa corriente que convierte todo contenido audiovisual en un trailer de lo que está por venir….Hacen de Marvel’s Iron Fist, una serie condenada a tener cortada sus alas. Por lo que las aventuras de Danny Rand…quedan a años de luz de su verdadero potencial.

 

Marvel's Iron Fist-Danny Rand llevó el cántaro a la fuente

No obstante, antes de animaros a proseguir con la lectura es mi obligación dejar claras un par de cosas. ¿Es Marvel’s Iron Fista una serie que no merece la pena ser vista? En absoluto. ¿Es un producto audiovisual disfrutable? Sin ninguna duda. ¿Es mejorable? Por supuesto.  Y es este último factor, el quid de la cuestión. Dado que, se debe a una (inexplicable) indefinición a la hora de elegir los elementos del cómic Iron Fist que debían ser adaptados a la pequeña pantalla.

Universo Compartido…quién te ha visto y quién te ve

Todo lo que presagiaba Daredevil en su primera temporada. Las sutiles referencias en Agents of Shield durante su ¿tercera? temporada a otros relevantes eventos del mundo Marvel. No han podido y/o sabido cristalizar en un sólido conglomerado de tramas superheroicas.   Las tan ansiadas conexiones entre la Marvel del cine y la televisión, más que automáticas resultan forzadas. El incidente, tipo del escudo o del martillo, gigante esmeralda…no son más que ingredientes de una receta que nadie jamás se dignará a cocinar debidamente.  Básicamente, porque los caminos emprendidos por estos dos estudios hacen inviable un destino final común. Lo que a todas luces, descoloca y frustra al espectador ya que la razón de ser de un Universo Compartido es la de no tener que escribir guiones con manos de plomo.

 

Rand Enterprises-El hombre contra el sistema

Era fácil, era tan fácil como lógico O por lo menos eso se presuponía. La dualidad entre el superhéroe/villano y el empresario con brújula moral contra el empresario sin escrúpulos, daba mucho juego. No obstante, ese apartado pasa desapercibido a lo largo de los 13 episodios de la serie. Principalmente, porque se ha elegido que Danny Rand no alcance el status de vigilante o fuerza del bien estabecida. En segundo lugar, porque el grueso de las tramas corporativas recaen sobre los hombros de los secundarios, los Meachum. Tan bien construidos como defendidos actoralmente, pero que se ven lastradas por el estancamiento como personaje que sufre el accionista mayoritario de Rand Enterprises.

Rand Occidental vs Rand Oriental

Si con Daredevil lo único que se hizo (y con bastante acierto) es mostrar la génesis del héroe, presentar sus dilemas morales, además de sus primeros pasos. Con el resto de los Defensores es inevitable pensar que sólo se ha buscado satisfacer los empoderamientos. El de la mujer, con Jessica Jones. El de la Comunidad Afroamericana, con Luke Cage. Y el de la cultura Oriental…con Iron Fist. Un empecinamiento en el cumplimiento de cuotas que, cómo no, supone forzar demasiado escenas y diálogos. Más aún cuando no se les dedica el tiempo necesario para que cuajen y puedan despertar alguna emoción en el despertador.

El (interminable) camino del guerrero

 

Como ya he mencionado anteriormente, Danny Rand nunca acaba de coger el manto del Iron Fist. Momentos de invulnerabilidad y ejecución de movimientos letales contra sus enemigos, se combinan con dudas existenciales que afectan a su chi. Y por consiguiente, a la fuente de sus poderes. Un enfoque que llega a rozar lo cansino, seguramente debido al alejamiento de la fórmula que mejor le ha funcionado a Netflix en las coreografías de lucha. La crudeza o la ausencia de elipsis narrativas, donde los oponentes se agotaban, sudaban y…sangraban con una lógica indiscutible.

La trayectoria de un personaje en sus cómics junto con su perfil psicológico es algo que debería analizarse con detenimiento. Especialmente cuando se intenta realizar una adapatación de éste a la pequeña o gran pantalla. Hay formatos en los que unos se desenvuelven mejor que otros y recae en los showrunners elegir el indicado. Puede que sea recomendable no cambiar algo cuando ésto funciona, los datos de visualización de Netflix colocoan los productos Marvel en su top 5, si no me equivoco. Unos datos incontestables que si bien confiman el trabajo bien realizado, resultan una puerta abierta al conformismo.

Aunque bien es verdad, que cualquiera que busque algo más que un mero entretenimiento, lo va a tener complicado. Siendo un producto Marvel, la máxima it’s all connected es una excusa para deshojar margaritas argumentativas que forman parte de un jardín aún por explorar. En este caso, La Mano, con sus pétalos con el nombre de Bakuto, Madame Gao y Colleen Wing…flor a la que se podía sumar K’unn Lunn con su cliffhanger de manual en el último episodio.

 

Nada nuevo bajo el Sol (de Neflix), lo que en absoluto es algo malo, pero dista mucho de ser perfecto.

 

 

 

 

 

 

 

Nunca pensé que diría (o escribiría) esto, pero después de 8 años en los que se han acumulado varias películas y series de una notable calidad convirtiéndose en materialización de los sueños más recónditos de los fans ncondicionales del mundo del cómic entre los que me incluyo; el modelo Marvel ideado por el visionario Kevin Feige empieza a mostrar ciertas fisuras que vician ese soplo de aire fresco que han representado. Una sentencia que si bien no es definitiva y seguramente pueda cambiar de veredicto durante el transcurso de la recientemente iniciada Fase 3; no deja de ser la mejor definición posible para lo que ha supuesto el visionado de Marvel’s Luke Cage en Netflix.

 

luke-cage

La serie desde su primer minuto de metraje presenta una apuesta ambiciosa y lo que es más importante, una evidente diferencia en cuanto a la ambientación si se compara con sus dos predecesoras y/o compañeras de subuniverso televisivo. Anque no fueron pocas las voces (quizá solamente las que resuenan en mi cabeza de vez en cuando)que se atrevieron a catalogarla la “The Wire Marveliana” por su visión cruda y desedulcorada del Harlem de las minorías raciales, una forma sutil de decir conjunto de etnias que no son blancas;  lamentablemente hay que reconocer que Luke Cage se queda a medio camino en su desarrollo como producto sólido y sin puntos débiles.

Por más que la presentación de Cottonmouth como exitoso hombre de negocios, cuya financiación viene principalmente de sustancias perjudiciales para la salud, sea coherente y capaz de generar empatía con el espectador. A pesar de que la introducción de otros miembros de su mitología como Mariah Dillard, Shades o Willis Stryker se nutra con acierto de la fuente original. Aunque el peso otorgado a personajes femeninos enriquezca la trama principal por la calidad actoral de las actrices  y no se deba a un mero cumplimiento de una cuota. Pese a que trate de una forma abrumadoramente verosímil el problema racial (o étnico) en EE.UU. La serie no se sostiene o por lo menos, no tan bien como debería con semejantes mimbres.

Podemos encontrar la causa en las tres producciones audiovisuales predecesoras de Marvel’s Luke Cage, las cuales han marcado un patrón de desarrollo con el que la serie del hombre anteriormente conocido como Carl Lucas no encaja, no se descubre la rueda al declarar que una duración obligada de 13 episodios no siempre puede desembocar en un producto bien trabajado.  Tener que dedicar por obligación, un par de episodios iniciales para introducirnos en la historia, un episodio de orígenes del protagonista y también del antagonista, un episodio íntegro para la batalla final…entre otros…no ayuda, convirtiendo además en predecible un producto que no cuenta con una trayectoria lo suficientemente dilatada como para ofrecer variantes diferentes a su planteamiento inicial.  Y ese es el quid de la cuestión, Luke Cage es más conocido por sus andaduras junto a otros personajes de la Casa de las Ideas que por sus anddanzas individuales; una escasez de bagaje individual que irremediablemente condiciona su adaptación a la pequeña pantalla y que puede dar una idea del camino a seguir por Luke Cage tras el esperado estreno de Los Defensores.

Durante los últimos años (Pixar mediante) el cine infantil de animación ha logrado desarrollar lo que (bien o mal) podríamos denominar las películas cebolla, una serie de cintas cuyo target son espectadores que no hayan alcanzado la preadolescencia, pero que a su vez albergan una amplia gama de guiños, referencias, alusiones a elementos de la cultura popular de una forma tan sutil, que sólo quienes cuentan con mayor experiencia pueden asimilar.  Un proceder habitual, seguramente más evidente en la última película de la factoría audiovisual de Walt Disney que he tenido el gusto de ver, Big Hero 6.

Big Hero 6 (Reseña) Homenaje o déjà vu resultón

Concebida a partir de un comic de Marvel con el mismo nombre, el filme nos presenta nada más empezar al protagonista principal de la historia Hiro Hamada. Un auténtico niño prodigio que no enfocará sus excepcionales capacidades intelectuales en aquello que menos problemas le podría acarrear. Y sólo con la ayuda de su hermano, los compañeros y profesor de éste…establecerá un reposicionamiento de prioridades. Una especie de reconversión que peligrará cuando la tragedia azote la vida del protagonista y sus aspiraciones y/o opciones de entretenimiento pasen a un segundo plano. Siendo en ese momento de la película donde entra en escena el coportagonista, Baymax, un robot-androide creado para ser un botiquín andante para la humanidad.  Lógicamente, este será un propósito del que será desviado al convertirse en la pieza clave para la resolución de un misterio. Una tarea hacia cuyo cumplimiento arrastrará también a un grupo singular y carismático de superdotados.

Big Hero 6, es divertida, entretenida y lamentablemente difícil de clasificar. Ya que se halla repleta de menciones veladas a un buen número de películas de variados géneros de los que se nutre con una sencillez asombrosa. Resultando imposible no acordarse de El Indomable Will Hunting cuando se intenta orientar las habilidades de Hiro a menesteres más legales, o de la saga Terminator (la segunda entrega para ser exactos) en cada escena que comparten el susodicho y su robot protector-sanador, incluso de cierto grupo de seres con habilidades excepcionales que trabajan como un equipo-familia (X-Men, 4 Fantásticos…) relacionados con Stan Lee quien también realiza un cameo en la cinta.  Quizá por ello es más disfrutable si cabe, haciendo las delicias de niños por su mensaje y atmósfera repleta de positivismo y buenos deseos, además de retar a adultos a encontrar ciertos mensajes subliminales.

 

Las instrucciones no podían ser más sencillas, 20th Century Fox sólo tenía que hacer una cosa para quitarnos el mal sabor de boca que dejó su última adaptación cinematográfica superheroica.  Algo tan simple, y parece que bastante complicado a juzgar por lo reacio que se muestran a ello varios directivos, como tener en cuenta el material original.  Obteniendo así una suerte de camino de baldosas amarillas por el que tanto conocedores como desconocedores de los cómics puedan encontrar un nexo común. Una intención que se aprecia en esta primera película, que no primera aparición cinematográfica, de Deadpool.

Deadpool (Reseña)-Redenciones y otros menesteres

La película ya desde sus créditos de inicio, no busca ser otra cosa que un traslado de la esencia de las viñetas a la pantalla, cosa que el espectador no puede hacer otra cosa que agradecer.  Ya sea por su grado de familiaridad con el cómic o por tener la oportunidad de degustar un producto audiovisual fresco y poco convencional. Una esencia que no es otra cosa que un planteamiento gamberro del camino del superhéroe, llenando los 108 minutos de la cinta de tal cantidad de gags que recuerda las versiones más entretenidas de aquel cine para adolescentes de finales de los 90 y principios de siglo-milenio.

No obstante, cometeríamos un error si catalogásemos la película como una simple retahíla de chistes sobre los canones del comportamiento heroico. Al contar ésta con un romance como eje de la historia y unos notables antagonistas; que si bien se ven condenados a convertirse en carnaza para el lucimiento de las habilidades de combate del protagonista y ven reducido su desarrollo y complejidad psicológica  por la (normal) duración de la cinta, hay que reconocer que cumplen de sobras su función de tipos duros e implacables capaces de llevar al límite a quien se interponga en su camino.  Mención aparte merece la aparición de un par de miembros del grupo con habilidades  extraordinarias más conocido de Marvel,  hasta que fueron  remplazados por otro de carácter menos humano, nótese la ironia.  Un par de papeles secundarios y estelares que nos obliga a plantearnos hasta donde habría llegado el éxito del universo cinematográfico de Marvel de haber contado con todos sus activos disponibles desde el primer día.

 

En resumen, Ryan Reynolds finalmente se ha podido quitar la espina clavada con el género de superhéroes (Oa) y con este personaje maltratado en aquel filme del tipo del adamantium, del que oímos hablar bastante gracias al recurso de la cuarta pared. Además de demostrarle a la Fox y a cualquier otro estudio que aspire a ofrecernos historias de tipos con mallas y capas, que el asesoramiento de gente experta en la materia y la opinión de los fans es digna de ser valorada. Gracias a él, podemos asegurar que la percepción de esta clase de películas por el gran público ha mejorado…o como mínimo está más abierta a la aceptación. Y así ganamos todos.

 

P.D: Hay otro actor con cuentas pendientes con el género de superhéroes, cuya prueba de fuego tendrá lugar en poco más de un mes. Veremos si sigue el mismo camino que el Mr. reynolds.