Category: NBA

Reconozco que escribo estas líneas siendo perfectamente consciente de que el deportista que las inspira, el irrepetible Kobe Bean Bryant, difícilmente las leerá algún día. Una posibilidad que si bien es bastante desesperanzadora no  me quita el sueño en absoluto, hay trayectorias que se entienden por sí mismas o como mucho mediante la observación, por más que un humilde aspirante a escritor intente descubrir por enésimavez  la piedra filosofal de los artículos de opinión.

Kobe Bryant o cuando Ícaro se hizo inmune al fuego

Para quienes por aquel entonces no éramos más que unos mocosos, (generación nacida durante los años 80 y primeros de la década de los 90) a punto de sucumbir ante los encantos o sufrir las inclemencias de la pubertad; La Mamba Negra fue un soplo de aire fresco. O mejor dicho, una oportunidad inmejorable para mi generación de conseguir su propio y exclusivo ídolo baloncestístico,  siendo testigos de sus primeras exhibiciones en una cancha de baloncesto. Sí, por supuesto que nos encantaba como Michael Jordan ejercía su tiranía sobre cualquier pabellón en el que se vestía de corto, al igual que alucinamos con la plasticidad e imaginación de aquel base con cuerpo de 3-4 llamado Earvin Magic Johnson gracias ( principalmente y desgraciadamente) a imágenes de programas de televisión y cintas VHS. Sin embargo estos eran claros dominadores en el deporte de la canasta, a los que conocimos cuando su evolución ya estaba consumada, en una etapa de sus carreras en la que los destellos de talento se reservaban para las citas de clave en lugar de brotar incontroladamente en cada lance del juego.

Quizá por eso, pienso yo, Kobe Bryant ha tenido un impacto tan innegable en los aficionados al baloncesto que presenciamos los últimos, aunque no por ello menos épicos, coletazos de His Airness. Por su meteórica ascensión desde un puesto secundario casi marginal del draft del 96, en el que coincidió con otros privilegiados para este deporte como Allen Iverson, Steve Nash o Jermaine O’Neal. Por su comodidad inicial y después responsabilidad a la hora de aceptar el reto de sustituir al  23 (12 y 45) de los Chicago Bulls como embajador mundial de la NBA. Pero por encima de todo, por su carácter competitivo, el cual sumado a la posesión de eso que se tiene o no se tiene porque nunca jamás se podrá enseña; le ha convertido en un devorador de records y por extensión, en el buque insiginia durante la primera década de este siglo-milenio del deporte inventado por Mr. Naismith, con permiso de Tim Duncan.

Kobe Bryant o cuando Ícaro se hizo inmune al fuego

Kobe Bryant siempre supo aportar un toque personal a cada época en la que vistió la camiseta del equipo de púrpura y oro, siendo un destacado sexto hombre que con talento y desparpajo luchaba por hacerse un hueco en el quinteto inicial durante sus primeros años de carrera. Para luego evolucionar en una especie de cincel en clara oposición al martillo pilón que representaba su compañero de equipo Shaquille O’Neal.  También estuvo la época de ejército de un solo hombre, en la que con actuaciones estelares noche sí y noche también llevó a una plantilla desequilibrada a competir en las eliminatorias por el anillo de campeón. Y qué decir de las temporadas compartidas con Pau Gasol, en la que encontró al jugador con el que mejor se entendía dentro y fuera de la pista. Un oasis en la cancha que tuvieron que abandonar los dos, para comenzar una travesía por el desierto de la derrota y el fracaso deportivo una y otra vez. Desde aquel monento ya nada fue lo mismo, ni para Kobe ni para el equipo más laureado de la ciudad de L.A. Los años pesaban y las nuevas hornadas con un físico más imponente venían empujando fuerte, lo cual no quitaba que de vez en cuando Mr. Bryant les recordase el camino repleto de piedras y palos a recorrer para dejar una huella en este deporte.

Nada más llegar a la NBA  se le auguraba una entrada en el Olimpo de los mejores jugadores de baloncesto de la historia. Hubo quien le consideró (y le considera) un simple mortal que ni de lejos podría alcanzar el nivel de los Jordan, Russell, Magic, Jabbar y cía. Igual tenían razón y el destino del hijo de Joe Bryant no era ser un Dios sino parecerse a uno lo máximo posible. Por lo que al surcar el cielo del deporte de la canasta sus alas no se quemaron al entrar en contacto con el Sol, sus alas no ardieron…pues se había vuelto inmune al fuego.

Imposible entender los últimos años de este deporte sin su figura y su impacto en el juego. Simplemente, Kobe Bean Bryant.

 

Como tantos otros de los que amamos el deporte de la canasta en este país, la primera vez que escuché el nombre de Raül López fue durante la culminación del primer puñetazo en la mesa dado por la gloriosa generación del 80, en el mundial Junior del año 1999 disputado en Lisboa.  Siendo lo más destacado, bajo mi punto de vista, sus declaraciones tras un más que notable desempeño en la final donde el combinado nacional se impuso a la siempre imponente colección de estrellas ofrecida por EE.UU. El contenido de sus palabras, lejos de cualquier complejo de superioridad auguraba una reducción de distancias, entre los baloncestos practicados a los lados del Océano Atlántico. Como buen genio y conocedor de todo lo que rodea a este deporte, no le faltó razón.

El genio (de Vic) de la lámpara oxidada-Oda a Raúl López

Tras haber conseguido (aparentemente) lo más difícil, una transición meteórica y placentera del baloncesto de formación al profesional, siendo fichado a golpe de talonario y precio de superestrella por el Real Madrid donde cuaja unas actuaciones que le confirman como el base sobre el que debía cimentarse la selección española de la primera década del siglo XXI. Se empiezan a suceder situaciones en las que la lámpara destinada a gestionar su magia en la cancha, comienza a resquebrajarse dando síntomas de no ser el recipiente idóneo para administrar tanta clarividencia en el parqué. Malditas lesiones, que siempre se llevan a los mejores.

A partir de ahí cual héroe griego caído en desgracia pero más que dispuesto a reverdecer laureles, Raül López comienza un calvario para averiguar si su cuerpo es capaz de readaptarse a las órdenes de su cabeza privilegiada, da inicio a una cruzada personal en la que recalibrar funciones motoras se antoja primordial, pero sobretodo ofrece pinceladas (a cuentagotas) en los diversos equipos en los que ha militado como confirma su envidiable palmarés, de lo que pudo haber sido y no fue.

Cometeríamos un grave error al no valorar la carrera de aquel base descarado oriundo de Vic, como una de las más completas de los últimos treinta años de nuestro baloncesto. La cual tras  sobreponerse a severos varapalos consiguió dejar imágenes en nuestra retina que nos obligaron a levantarnos del asiento maravillados. Y es que como bien el dice aquella mítica frase del baloncesto: “Los fundamentos se enseñan…el talento, no. ” Y yo tengo claro que a partir de junio, echaré muchísimo de menos el de Raül López.

Para muestra un botón.