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Que el binomio Marvel-Netflix no podía seguir sosteniéndose sobre una estructura tan pobremente cuidada, estaba claro. Otra cosa era la fe ciega de muchos, servidor incluido, en que evidentes signos de decadencia se revirtieran. Y no, no se trata del típico juicio salido del resentimiento o el hateo gratuito, sino de la cruda realidad. La cada vez más patente separación (voluntaria) de los Universos Marvel Televisivo y Cinematográfico. Junto al empecinamiento en cubrir una absurda tasa de cuotas temáticas, desechando así tramas jugosas del cómic o reales. Todo ello sumado a la ya tediosa corriente que convierte todo contenido audiovisual en un trailer de lo que está por venir….Hacen de Marvel’s Iron Fist, una serie condenada a tener cortada sus alas. Por lo que las aventuras de Danny Rand…quedan a años de luz de su verdadero potencial.

 

Marvel's Iron Fist-Danny Rand llevó el cántaro a la fuente

No obstante, antes de animaros a proseguir con la lectura es mi obligación dejar claras un par de cosas. ¿Es Marvel’s Iron Fista una serie que no merece la pena ser vista? En absoluto. ¿Es un producto audiovisual disfrutable? Sin ninguna duda. ¿Es mejorable? Por supuesto.  Y es este último factor, el quid de la cuestión. Dado que, se debe a una (inexplicable) indefinición a la hora de elegir los elementos del cómic Iron Fist que debían ser adaptados a la pequeña pantalla.

Universo Compartido…quién te ha visto y quién te ve

Todo lo que presagiaba Daredevil en su primera temporada. Las sutiles referencias en Agents of Shield durante su ¿tercera? temporada a otros relevantes eventos del mundo Marvel. No han podido y/o sabido cristalizar en un sólido conglomerado de tramas superheroicas.   Las tan ansiadas conexiones entre la Marvel del cine y la televisión, más que automáticas resultan forzadas. El incidente, tipo del escudo o del martillo, gigante esmeralda…no son más que ingredientes de una receta que nadie jamás se dignará a cocinar debidamente.  Básicamente, porque los caminos emprendidos por estos dos estudios hacen inviable un destino final común. Lo que a todas luces, descoloca y frustra al espectador ya que la razón de ser de un Universo Compartido es la de no tener que escribir guiones con manos de plomo.

 

Rand Enterprises-El hombre contra el sistema

Era fácil, era tan fácil como lógico O por lo menos eso se presuponía. La dualidad entre el superhéroe/villano y el empresario con brújula moral contra el empresario sin escrúpulos, daba mucho juego. No obstante, ese apartado pasa desapercibido a lo largo de los 13 episodios de la serie. Principalmente, porque se ha elegido que Danny Rand no alcance el status de vigilante o fuerza del bien estabecida. En segundo lugar, porque el grueso de las tramas corporativas recaen sobre los hombros de los secundarios, los Meachum. Tan bien construidos como defendidos actoralmente, pero que se ven lastradas por el estancamiento como personaje que sufre el accionista mayoritario de Rand Enterprises.

Rand Occidental vs Rand Oriental

Si con Daredevil lo único que se hizo (y con bastante acierto) es mostrar la génesis del héroe, presentar sus dilemas morales, además de sus primeros pasos. Con el resto de los Defensores es inevitable pensar que sólo se ha buscado satisfacer los empoderamientos. El de la mujer, con Jessica Jones. El de la Comunidad Afroamericana, con Luke Cage. Y el de la cultura Oriental…con Iron Fist. Un empecinamiento en el cumplimiento de cuotas que, cómo no, supone forzar demasiado escenas y diálogos. Más aún cuando no se les dedica el tiempo necesario para que cuajen y puedan despertar alguna emoción en el despertador.

El (interminable) camino del guerrero

 

Como ya he mencionado anteriormente, Danny Rand nunca acaba de coger el manto del Iron Fist. Momentos de invulnerabilidad y ejecución de movimientos letales contra sus enemigos, se combinan con dudas existenciales que afectan a su chi. Y por consiguiente, a la fuente de sus poderes. Un enfoque que llega a rozar lo cansino, seguramente debido al alejamiento de la fórmula que mejor le ha funcionado a Netflix en las coreografías de lucha. La crudeza o la ausencia de elipsis narrativas, donde los oponentes se agotaban, sudaban y…sangraban con una lógica indiscutible.

La trayectoria de un personaje en sus cómics junto con su perfil psicológico es algo que debería analizarse con detenimiento. Especialmente cuando se intenta realizar una adapatación de éste a la pequeña o gran pantalla. Hay formatos en los que unos se desenvuelven mejor que otros y recae en los showrunners elegir el indicado. Puede que sea recomendable no cambiar algo cuando ésto funciona, los datos de visualización de Netflix colocoan los productos Marvel en su top 5, si no me equivoco. Unos datos incontestables que si bien confiman el trabajo bien realizado, resultan una puerta abierta al conformismo.

Aunque bien es verdad, que cualquiera que busque algo más que un mero entretenimiento, lo va a tener complicado. Siendo un producto Marvel, la máxima it’s all connected es una excusa para deshojar margaritas argumentativas que forman parte de un jardín aún por explorar. En este caso, La Mano, con sus pétalos con el nombre de Bakuto, Madame Gao y Colleen Wing…flor a la que se podía sumar K’unn Lunn con su cliffhanger de manual en el último episodio.

 

Nada nuevo bajo el Sol (de Neflix), lo que en absoluto es algo malo, pero dista mucho de ser perfecto.

 

 

 

 

 

 

 

Nunca pensé que diría (o escribiría) esto, pero después de 8 años en los que se han acumulado varias películas y series de una notable calidad convirtiéndose en materialización de los sueños más recónditos de los fans ncondicionales del mundo del cómic entre los que me incluyo; el modelo Marvel ideado por el visionario Kevin Feige empieza a mostrar ciertas fisuras que vician ese soplo de aire fresco que han representado. Una sentencia que si bien no es definitiva y seguramente pueda cambiar de veredicto durante el transcurso de la recientemente iniciada Fase 3; no deja de ser la mejor definición posible para lo que ha supuesto el visionado de Marvel’s Luke Cage en Netflix.

 

luke-cage

La serie desde su primer minuto de metraje presenta una apuesta ambiciosa y lo que es más importante, una evidente diferencia en cuanto a la ambientación si se compara con sus dos predecesoras y/o compañeras de subuniverso televisivo. Anque no fueron pocas las voces (quizá solamente las que resuenan en mi cabeza de vez en cuando)que se atrevieron a catalogarla la “The Wire Marveliana” por su visión cruda y desedulcorada del Harlem de las minorías raciales, una forma sutil de decir conjunto de etnias que no son blancas;  lamentablemente hay que reconocer que Luke Cage se queda a medio camino en su desarrollo como producto sólido y sin puntos débiles.

Por más que la presentación de Cottonmouth como exitoso hombre de negocios, cuya financiación viene principalmente de sustancias perjudiciales para la salud, sea coherente y capaz de generar empatía con el espectador. A pesar de que la introducción de otros miembros de su mitología como Mariah Dillard, Shades o Willis Stryker se nutra con acierto de la fuente original. Aunque el peso otorgado a personajes femeninos enriquezca la trama principal por la calidad actoral de las actrices  y no se deba a un mero cumplimiento de una cuota. Pese a que trate de una forma abrumadoramente verosímil el problema racial (o étnico) en EE.UU. La serie no se sostiene o por lo menos, no tan bien como debería con semejantes mimbres.

Podemos encontrar la causa en las tres producciones audiovisuales predecesoras de Marvel’s Luke Cage, las cuales han marcado un patrón de desarrollo con el que la serie del hombre anteriormente conocido como Carl Lucas no encaja, no se descubre la rueda al declarar que una duración obligada de 13 episodios no siempre puede desembocar en un producto bien trabajado.  Tener que dedicar por obligación, un par de episodios iniciales para introducirnos en la historia, un episodio de orígenes del protagonista y también del antagonista, un episodio íntegro para la batalla final…entre otros…no ayuda, convirtiendo además en predecible un producto que no cuenta con una trayectoria lo suficientemente dilatada como para ofrecer variantes diferentes a su planteamiento inicial.  Y ese es el quid de la cuestión, Luke Cage es más conocido por sus andaduras junto a otros personajes de la Casa de las Ideas que por sus anddanzas individuales; una escasez de bagaje individual que irremediablemente condiciona su adaptación a la pequeña pantalla y que puede dar una idea del camino a seguir por Luke Cage tras el esperado estreno de Los Defensores.

Respecto a las películas o series sobre superhéroes se ha extendido un (justificado) mantra sobre su reticencia a ser un calco exacto de los cómics y sus infinitas tramas, buscando así un enfoque supercial de éstas para únicamente ofrecer al espectador, las piezas para profundizar en el mundillo del noveno arte por su cuenta. Pero sinceramente, ¿a qué obedecía exactamente esa directriz? Permitirán que un servidor la explique con dos palabras, Tiempos y Modos.  Algo tan simple como dotar a los personajes salidos de las viñetas de las fases necesarias para explicar su transformación en seres fuera de lo normal, a la vez que se narra esa evolución desde una perspectiva lógica. Cosa que Marvel’s Daredevil, sin lugar a dudas, consigue hacer a la perfección marcando la senda para futuros productos audiovisuales protagonizados por superhéroes.

 

Marvel's Daredevil 2º Temporada-Reseña-Tiempos y modos

En la segunda entrega de su cruzada personal, Matt Murdock es un vigilante ya establecido aunque en la mayoría su percepción por parte de sus vecinos se asemeja a la de una leyenda urbana. Las consecuencias de la victoria sobre su primer gran rival, Wilson Fisk, se hacen notar y el deseo en forma de protección y seguridad que quería conceder a su hogar empieza a mostrar signos de poder hacerse realidad. Nada más lejos de la realidad, la Cocina del Infierno se convertirá en el escenario de una serie de conflictos que pondrán a prueba su tenacidad y compromiso con su causa.

Marvel's Daredevil 2º Temporada-Reseña-Tiempos y Modos

En primer lugar con la aparición de Frank Castle, uno de los personajes más ricos en matices de la factoría Marvel Cómics. Dada  su falta de escrúpulos a la hora de ir donde otros vigilantes se niegan a llegar. Una entereza apreciada desde su primera aparición en pantalla y que, por supuesto, le lleva a enfrentarse al Diablo de Hell’s Kitchen debido a su diferencia notable de metodología.  John Bernthal pasa a ser otro acierto (ya he perdido la cuenta) de casting de Netflix, hasta el punto de que la opción de verle de nuevo en el universo televisivo de Marvel gane muchos enteros.

Marvel's Daredevil 2º Temporada-Reseña-Tiempos y Modos

Pero si The Punisher, representa el aspecto más mundano y callejero de los enemigos/aliados de Daredevil, Elektra Natchios nos abre las puertas al terreno místico y sobrenatural. Un mundo oculto con un poder de destrucción devastador, ante el cual Matt Murdock parece verse superado en varios momentos durante los trece episodios de la temporada. Como demuestra el retorno de su mentor (Stick) quien le revela la existencia de La Mano, una sociedad con fines apocalípticos que para sorpresa y agrado de los fans mantiene en pantalla toda su esencia de los cómics.

 

Pero si es vital para el transcurso de la trama, la parte nocturna de Matt Murdock también lo es su faceta diurna o lo que es lo mism, la de abogado. Un balance que en esta temporada le resultará más complicado de calibrar, lo que implicará una ruptura del triángulo formado entre él Foggy Nelson y Karen Page. Una suerte de abandono de sus obligaciones laborales por parte del protagonista, que sirve para introducirnos en la otra Hell’s Kitchen la que atañe a los hombres y mujeres sin habilidades especiales y que se resisten aún así a ver su mundo arder en llamas. Un grupo en el que también deberíamos incluir a Claire Temple, quien con menos cuota de pantalla que en la primera temporada nos sigue mostrando que para hacer la diferencia no hace falta nada más que fuerza de voluntad.

 

Marvel’s Daredevil lleva el género superheroico a un nuevo nivel, donde los arcos argumentales del cómic  pasan a ser el núcleo duro del guión y por lo tanto, la base sobre la que se construye todo el entramado actoral. Lo que en absoluto supone un impedimento para que la serie pierda calidad y mercado potencial en forma de espectadores, sino que enriquece el panorama audiovisual abriendo nuevas vías de aproximación y tratamiento de este género que a la luz del número de noticias que genera día a día, tiene cuerda para rato.

No realizaríamos un descubrimiento relevante para el devenir de la humanidad, al destacar la asombrosa y eficaz capacidad para el autobombo del estilo de vida americano.  Una capacidad que abarca con envidiable pericia todos  los aspectos relativos a la idiosincrasia del país de las barras y estrellas convirtiéndolos en un objeto de estudio e incluso de veneración, a pesar de que su glamour no sea el más llamativo a primera vista. Una ley no escrita que se cumple a rajatabla en la cuarta temporada de una de las series más aclamadas y mejor valoradas de los últimos años cocinada en el canal de streaming Netflix, la espléndida House of Cards.

House of Cards 4º Temporada-Reseña-La tiranía de Netflix

Tomando como punto de partida los acontecimientos con los que finalizó la tercera entrega de las aventuras y desventuras del matrimonio Underwood, en esta cuarta veremos como el precio del poder empieza a cobrarse sus altos honorarios. Haciendo las veces de un boomerang lanzado para noquear a los rivales, que decide retornar a su dueño con mayor agresividad y fiereza de la que poseía en un principio.  Y es que si durante los primeros cuatro episodios son las deudas pendientes entre Frank y Claire los que sirven para ofrecernos una tensión argumental propia de las mejores tragedias griegas y actuales, dado su enfoque sutil pero acertado de la situación de la america negra o afroamericana, del derecho a portar un arma en EE.UUU y de una de las enfermedades más devastadoras de lo que llevamos de siglo, el cáncer. Una vez resuelto y establecido el nuevo cauce de su relación (Leann Harvey mediante) entran en escena los múltiples cadáveres que ambos han guardado en el armario durante su carrera hacia el despacho oval.

Desde los últimos coletazos de Heather Dunbar para arrebatarles el liderazgo del partido demócrata, hasta el retorno de un Lucas Goodwin cegado por el odio y el rencor. Pasando por un Raymond Tusk obligado a colaborar de nuevo con la Casa Blanca  aunque los beneficios económicos sean cuantiosos para sus intereses. Y qué decir del combo Jackie Sharp y Remy Danton, cuya continua sumisión ante los caprichos de los Underwood alcanza en esta temporda su límite.

Pero si ha habido esta temporada un acierto de casting, por parte de la serie alojada en Netflix, es el de Joel Kinnaman como el Gobernador de Nueva York y candidato a la presidencia por el partido Republicano, Will Conway. Quien junto con su pareja y familia es mostrado como la mejor contrapartida posible a la dupla Underwood. Un duelo de modelos de vida, personalidades y de popularidad que agradece el espectador, pues encierra un relevo generacional extrapolable a otros niveles. Es este combate de voluntades el que absorbe la práctica totalidad de los nueve capítulos restantes, dejando un pequeño pero vital espacio a Tom Hammershmidt, periodista retirado a la par que desmotivado con la profesión que encuentra en el caso Underwood la motivación suficiente para volver a ejercer.

Cuando algunos pensábamos que la cuadratura de ese dichoso círculo llamado guión era imposible, Netflix nos confirma nuestro error. Con esta última observaremos unas cuatro temporadas perfectamente conectadas, en las que las acciones y evoluciones de todos los participantes en ellas son sobradamente justificadas y comprensibles. Sin importar la cuota de pantalla que tuvieron en su momento. Tómese como ejemplo la breves  e intensas apariciones de Freddy Hayes y Garrett Walker, sin los que la serie perdería bastante solidez y coherencia. O el proceder de Catherine Durant cuando se siente víctima de los Underwood en vez de colaboradora. Una excepcionalmente cuidada puesta en escena que nos obliga a plantearnos tras cada capítulo, cuánto de realidad contiene cada frase de  personaje o cada entresijo de las diversas tramas. Un porcentaje que quien escribe estas líneas considera más alto del que los guionistas y protagonistas de la serie se atreverían a confirmar, pero quizá y sólo quizá, eso es lo atractivo de la política…que no consiste en estar en posesión de la verdad absoluta sino de hacer creer al gran público que se posee.

 

Hubo un tiempo en el que se estableció como peaje ineludible a la hora de presentar al gran público un nuevo superhéroe, el dotar a ese defensor de los oprimidos (o aspirante a ello) de una categoría moral por encima de la media; o como mínimo claramente superior a la de su archienemigo.
No obstante, el agotamiento hasta la saciedad de esta fórmula creativa, ha obligado a los implicados en la elaboración de historias protagonizadas con tipos con mallas y capas, a recurrir otros condicionantes de la personalidad de los justicieros, vigilantes, vengadores… Técnica bienvenida y bien hallada, en el último eslabón del Universo Cinemático-Televisivo de Marvel, la transgresora a la par  que ejemplar Marvel’s Jessica Jones.

Marvel's Jessica Jones (Review)-Reinventando al Superhéroe

Marvel’s Jessica Jones (Review)-Reinventando al Superhéroe

Hay quien dice que cuando algo funciona bien es mejor no tocarlo, principalmente porque los resultados obtenidos tras la alteración disten mucho de ser tan excepcionales como antes de ella. Una máxima que si bien no es una ley inalterable sí que requiere de dosis industriales de suerte y “savoir faire” para saber cuando debe ser aplicada. Afortunadamente para los amantes de los buenos productos audiovisuales, Marvel Studios sabe cómo y cuándo arriesgar.

Justo cuando se acusaba al imperio cinematográfico, basado en la casa editorial fundada por Martin Goodman, de producir exclusivamente contenidos carentes de la madurez y profundidad psicológica necesaria para cautivar a un público más adulto y/o maduro. La expansión mediante el canal de televisión en streaming Netflix tiró por tierra ese mantra regalándonos dos candidatas a series de culto del género televisivo comiquero. Y es que tanto Daredevil como Marvel’s Jessica Jones reinventan el camino del individuo con habilidades especiales hacia la , siendo la  segunda la que nos ofrece una visión menos idealizada y más enrevesada.

En primer lugar dejaremos claro que Jessica Jones no quiere ser una heroína ni de lejos, una impresión perceptible hasta por el espectador menos hábil de su adaptación televisiva. Un propósito del que se verá obligada a dejar de huir, por culpa del (sin el más mínimo espacio a la discusión) el villano mejor construido del Universo Cinematográfico de  Marvel. Una suerte de cabo suelto de su pasado que es necesario atar, bajo seria amenaza de destruir ya no sólo su ya de por sí desequilibrada vida sino la de todo aquel que se cruce en su camino.

Marvel's Jessica Jones (Review)-Reinventando al Superhéroe

Marvel’s Jessica Jones (Review)-Reinventando al Superhéroe

Por si no fuera poco este vía crucis en forma de archienemigo-friendzoner, que debe emprender nuestra poco procedimental detective como compensación a sus habilidades sobrehumanas. La aparición de unos secunadrios cuyas condiciones y potencial distan de los de las personas normales y corrientes, no hace sino reafirmar la imposibilidad de un abandono por su parte de las cruzadas sobrenaturales.  Hablamos principalmente de Luke Cage, Trish Walker y Will Simpson quienes sin lugar a dudas serán más y mejor desarrollados durante la ya confirmada segunda temporada.

En definitiva, la serie de Jessica Jones se debe de analizar como una oda a la negación a jugar con las cartas que nos ha dado la vida, una rebelión contra ese plan supremo en el que todos tenemos que formar parte lo queramos o no. Una conclusión a la que llega nuestra investigadora privada sin no pocos sobresaltos, ya que inspirándonos en un más que probable futuro compañero de fátigas “un gran poder es mucho más que una gran responsabilidad, es un contrato de claúsulas ineludibles” más aún si perteneces al bando de los buenos.