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Año 2012, primera interacción del hijo de Odín con sus “compañeros de trabajo”. Y enésima decepción con su tratamiento, aunque ésta fuera hábilmente tapada por lo  inusual de su contexto. Una tónica representativa del personaje que le ha convertido en una rémora para el MCU. Haciendo imposible, aparentemente, dotarle de un carisma y/o personalidad propia como si ocurre con otros Vengadores. Una indefinición que una vez finalizada la (por ahora) trilogía del príncipe de Asgard. Nos obliga a cuestionarnos si alguna vez hubo una hoja de ruta para él.  O si sólo se han dado volantazos en busca de una historia que justificara el presupuesto de sus cintas. Lo que un servidor opina que ha ocurrido con Thor:Ragnarok.

Thor:Ragnarok; Nerfeando que es gerundio

Thor, el Dios de los “chascarrillos” 

Para quienes siempre hemos asociado la figura del Dios del Trueno, a la de un guerrero implacable y temible. Sentirnos identificados con la personalidad transmitida en esta secuela, es un ejercicio agotador. Principalmente porque dista demasiado de la imagen dada en sus dos primeras entregas. Un lavado de cara que aunque comprensible e incluso admirable. Lleva a la confusión sobre quien es el verdadero protagonista de la película. Y hace  indescifrable el hilo conductor de la trama. En segundo lugar, porque proyecta un carácter de Thor nunca antes visto hasta la fecha.  Una “ligereza” que hace flaquear toda tensión o punto álgido de la trama. Más aún si ésta viene construida alrededor de un combate contra “pesos pesados”entre los  antagonistas de Thor, como Hela o Surtur.

Dicho con otras palabras, Thor (indiscutiblemente) no puede ser el tipo duro que busca reducir constantemente la tensión de combate con un chiste. Básicamente, porque es un semidiós entrenado para la batalla y no es Tony Stark o (en menor medida) Stephen Strange.

 

Los caminos del trasfondo son inescrutables

No obstante, (y afortunadamente) no es gag todo lo que reluce. Y si hay algo que es meritoria en esta cinta es la capacidad de informar con una brevedad envidiable sobre el cómo han llegado hasta dónde están algunos de sus personajes. Véase el caso de Odín, Hulk, la anticanónica Valkyria y el mismísimo Hechicero Supremo del Universo Marvel. Casos en los que pocas escenas y las justas líneas de guión, no desvían al espectador del objetivo principal del film. La narración de la destrucción del hogar de los conciudadanos de Thor.

 

Para concluir, no queda otra que calificar como encomiable a la par que exitoso, el lavado de cara de la franquicia mitológica del MCU.  En esta tercera entrega. Una opinión fundamentada en la buena taquilla y reseñas favorables que la película ha cosechado y cosechará. Sin embargo, los más “puretas” del noveno arte echamos en falta la ausencia de un enfoque más épico y ceremonioso para el semidiós nórdico, Thor.  Supongo que debemos asumir que el dinero manda. Y quien pone la pasta para que el MCU siga adelante, sólo en contadas ocasiones, está por la labor de cambiar los ingredientes de su fórmula mágica.

 

 

Fue allá por el 2002 cuando tuvimos la posibilidad de ver por primera vez en pantalla grande, al trepamuros por excelencia. Una quincena de años que nos ha llevado a conocer a dos “Tío Ben” y dos “Tía May”. Además de dos Harry Osborn, dos Gwen Stacy y…tres “Peter Parker” aka Spiderman. Una variedad de actores y actrices para mismos papeles que ha exprimido la gallina de los huevos de oro.  O eso era lo que muchos pensábamos hasta la aparición de dos conceptos clave. Kevin Feige y Universo Compartido. Una especie de tierra prometida dónde las opciones de desarrollo del Hombre Araña se volverían infinitas. Algo que a fin de cuentas, quienes conocemos al amigable vecino, incluíamos en nuestras oraciones.

Spiderman : Homecoming-Cuestión de Peajes y Tarifas

La Casa de las Ideas…lo hizo de nuevo

Las plegarias de los fans fueron escuchadas, lucrativo acuerdo entre compañías mediante. Por ese motivo, había que ofrecerles aquello que tanto deseaban en un formato no visto hasta la fecha. Una presión añadida de no defraudar a quienes te han colocado en tu posición privilegiada.  Puesto que, de su satisfacción depende tu estabilidad. Una situación tremendamente exigente que requería de una respuesta contundente e inequívoca. Objetivo conseguido con el enfoque aportado para  esta tercera versión de la víctima de la araña radioactiva.

Uno de los puntos débiles de las anteriores sagas, fue el escaso protagonismo de la etapa estudiantil de Peter. Una época, la del Instituto, que en los cómics resulta ser la base de la personalidad de Spiderman. Y que por razones de coherencia contemporánea debía plasmar la multiculturalidad. Un proceso social no exclusivo de New York, si no de gran parte de las ciudades del “primer mundo”. Una diversidad a la que se debe reconocer sus aciertos y sus fallos. Como el de privarnos de un Flash Thompson más apegado a su homólogo de las viñetas. Insisto, no por su etnia sino por su irreconocible personalidad.

La puesta en escena y desarrollo del villano, piedra en el zapato del MCU hasta la fecha, es elaborada.  Un adjetivo que había costado utilizar en alrededor de 15 películas, sin que ello repercutiera la taquilla y crítica. Pero que cual pesada losa, no hacía sino evidenciar los problemas de Marvel en construir archienemigos mínimamente creíbles. Así pues, nos encontramos con un “emprendedor” forzado a quebrantar la ley para asegurar la supervivencia económica de su familia.  Un Robin Hood del siglo XXI que tiene la mala suerte de vender armas de destrucción masiva a matones de barrio. Un pequeño detalle que llena sus bolsillos, pero que convierte a New York en una zona de guerra.

MCU…¿”conejillo de Indias”?

Y como plato principal, el porqué todo vale en esta película. La ubicación de Spiderman como pieza de algo más grande. Un universo compartido en el que la colaboración con Iron Man, (justa y no cargante) membresía de los Vengadores…es posible. Una realidad que nos permite imaginar que otr@s descarriad@s de Marvel vuelvan a casa, si el éxito está asegurado.

 

De ahí que lo más importante de esta película no es su calidad, sin lugar a dudas  aceptable. Sino el puñetazo en la mesa que conlleva. Al mandar el siguiente mensaje: “puede que os cediéramos los derechos de algunos de nuestros personajes anteriormente, pero ahora sabemos cómo explotarlos mejor que nadie. Si queréis partir ganancias, ya sabéis lo que hay que hacer”.