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Quinta entrega de la antaño revolucionaria saga cinematográfica de piratas, acción y aventuras. Cuya primera parte pudo revivir dicho género tras el estrepitoso fracaso de La Isla de las Cabezas Cortadas. Sin embargo, tras 14 años era previsible un estancamiento argumental si no se renovaban caras y/o tramas. Y es que, si tenemos que ser sinceros, lo más destacable de La Venganza de Salazar es no ser más que un refrito o apaño de cabos sueltos del resto de entregas. Una afirmación que no dice nada bueno de este Blockbuster estadounidense. A pesar de contar con actores de la talla de Johnny Depp, Javier Bardem y Geoffrey Rush. Lo que no hace sino confirmar que hasta los piratas necesitan un lavado de cara, de vez en cuando.

Piratas del Caribe 5 - Reseña - El Guión Confiable

 

Un niño cuya habitación  está plagada de papeles que recogen todos los Mitos y Leyendas marinos, se escapa de casa para salir navegar. Una vez en alta mar se zambulle ayudado por un saco de rocas, hasta llegar al Holandés Errante. Navío maldito ahora bajo el control de su padre, Will Turner. El niño, llamado Henry, asegura poder liberar a su padre de su maldición.  Buscando y encontrando el Tridente de Poseidón. Una tarea que su padre considera imposible de realizar, por lo que manda a su hijo de vuelta a casa. Ordenándole, además que se olvide de él y se aleje del mar.

Pasando por alto el hecho de que un niño de no más de diez años se escape de casa en medio de la noche para salir a navegar. La introducción a uno de los principales protagonistas de la película cumple con creces. No fuimos pocos quienes echamos de menos a Orlando Bloom en su cuarta entrega, por lo que volver a verle es de agradecer. Lógicamente, también escuchamos el nombre del auténtico peso pesado de la saga Jack Sparrow. Un personaje (actor) por el que vale la pena pagar una entrada de cine.

Años más tarde, Henry Turner intenta ser un marine de bien. Algo que no ha conseguido hasta la fecha dado la situación en la que se encuentra, remero. El buque en el que se encuentra intenta dar caza a unos piratas, persecución que les lleva al Triángulo Maldito. De lo que Henry se da cuenta intentando avisar a sus superiores, quienes le encierran por traidor. Una vez dentro del triángulo la embarcación de marines observará como todos sus tripulantes serán masacrados. A excepción de un Henry Turner que deberá entregarle un mensaje a Jack Sparrow, Salazar quiere saldar su deuda.

Por otro lado, una mujer astrónoma y horóloga llamada Caryna Smith es acusada de brujería y a punto de ser ejecutada. Una condena que elude escapándose de la cárcel, cruzándose en su huida con un Jack Sparrow que acaba de robar un banco. Un plan bien concebido pero penosamente ejecutado, lo que le supone el abandono de su tripulación. Un duro golpe anímico que le lleva a intercambiar su preciada brújula por una botella de ron, acto que libera a Salazar de su cautiverio. Por si  fuera poco, Jack también será capturado por la marina y condenado a muerte junto con Carina. Únicamente, la aparición de Henry Turner salvará al Pirata y la astrónoma de la muerte. Una vez hechas las presentaciones, se fijarán como objetivo encontrar el Tridente de Poseidón para derrotar a Salazar.

Sin negar que es un innegable soplo de aire fresco la presentación de Caryna como “mujer de ciencia” en una sociedad machista. El hecho de que no se le haya concedido otra responsabilidad que la de cartógrafa del grupo, deja el trabajo a medio hacer. Pues toda la carga de combates sigue siendo llevado por los varones piratas. Asimismo, que nos encontremos de nuevo, un trío formado por Jack Sparrow, un Turner y una mujer. Evidencian que como si se tratase de una partida de póker, el estudio ha apostado la suerte de la película al tirón mediático de Johnny Depp. Sin esforzarse lo más mínimo por ofrecer nada más.

Salazar ha empezado a hacer lo que más le gusta, cazar y matar piratas. Y el Capitán Héctor Barbossa se ofrece a echarle una mano en su búsqueda y captura de Jack Sparrow. Tras una breve explicación sobre los motivos de la rivalidad entre marine español y el capitán desaliñado. Cuando todo indica que la  habilidad escapatoria de este último va a dejar de tener efecto. Su llegada a una isla y el percatarse de que ni Salazar ni sus hombres pueden tocar tierra firme, le permite seguir respirando. Hasta el punto de concederle la oportunidad de que un inesperado aliado, Barbossa, le devuelva su barco y se ofrezca a ayudarle para derrotar a Salazar.

Llegados hasta este punto de la película es cuando podemos confirmar que Johnny Depp es muy bueno, pero no tanto. Ni una persecución marítima por parte de unos marines y tiburones muertos  vivientes. Tampoco la recuperación para la causa de la embarcación por excelencia de la saga, la Perla Negra. Mucho menos la colocación de una mujer como pieza clave para la resolución del misterio final. Son capaces de aportar la sensación de que se está visualizando un contenido original y/o arriesgado. Mención aparte merece la reinvención de cómo la Brújula de Jack Sparrow acabó en las manos de éste. ¿Es que nadie piensa en Tía Dalma?

El mapa que no puede ser leído por ningún hombre es descifrado por Caryna y el Tridente es encontrado. Cuando están a punto de obtenerlo, Jack y la astrónoma ven como Salazar en el cuerpo de Henry se lo arrebata.  Comienza una lucha desigual, o mejor dicho, un disfrute sádico de Salazar en la tortura de Jack Sparrow. Afortunadamente, entre Henry y Caryna averiguan la forma de acabar con la ventaja del marine “no muerto”, rompiendo el Tridente. Salazar y sus hombres vuelven a ser humanos, lo que implica que piden morir. Un destino que intentan evitar escapando junto con Jack, Henry y Caryna pero que evita Barbossa. Quien se sacrifica tras revelarle a la horóloga que ella es su hija perdida.

Con el enemigo vencido y sin la posibilidad de seguir atormentándoles, Jack recupera la Perla Negra y su brújula. Caryna acepta su legado. Y Henry…espera la llegada de su padre, quien no puede evitar sentirse orgulloso de su hijo.

En algún momento Hollywood decidió quedarse con lo peor de la gestión de un club deportivo y llenar sus películas de nombres. Sin molestarse lo más mínimo en dotarles de un armazón sólido con el que justificar su caché y presencia en pantalla. Una costumbre que empieza a remplazar guiones elaborados por espacios de lucimiento para actores o actrices con ganas de justificar un paseo por una alfombra roja. Y por consiguiente, convierte a todas las superproducciones en un claro ejemplo de la siguiente máxima. “Venceréis, pero no convenceréis”.